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sábado, 30 de agosto de 2014

La Guerra Civil que vivió Robert Capa

¿Sabían ustedes que el legendario Robert Capa y su cámara fotográfica fueron inseparables? 
kebooks.org
Yo lo supe una tarde, hace unos años, en la que alguien me regaló para Navidad su libro de fotografías. Era una gruesa publicación que me obligó a hacer un buen lugar en mi desbordada biblioteca. Tuve que mover incluso el sitio donde suele descansar mi gato Rodolfo. Recuerdo que lo leí una tarde, acompañada de varias tazas de humeante té, y la sensación que me dejó fue que la cámara casi que le daba sentido a la existencia de Capa, y viceversa. Ambos estuvieron – se acompañaron – en los principales conflictos bélicos del siglo XX. Bajo lluvia y el sol, entre las balas y el barro. También se dieron tiempo para fotografiar celebridades, hombres de a pie, pueblos y ciudades.





Ahora vuelvo a repetir la misma disfrutable experiencia que viví aquella vez. Podemos viajar junto a él, estar en los mismos lugares que pisó y casi sentir sus mismos miedos, desafíos, amores y felicidades. Porque tenemos “El miliciano abatido. Diario de guerra de Robert Capa”, de Miguel Manzano, una novela que, de manera ágil y detallada, reconstruye gran parte de la vida del genial fotógrafo. Sobre todo el período en el que Capa cubrió la Guerra Civil Española.
Comparto con ustedes lo que dice el autor: “Es una historia novelada y biográfica basada en la vida del famoso fotoperiodista húngaro, centrándose especialmente en su etapa como reportero en la Guerra Civil Española, en los años previos del París bohemio de los 30 y en su posterior etapa, ya convertido en toda una celebridad, en Hollywood. La novela es una historia de superación personal, de pasión y de tragedia junto con quien fue el gran amor de su vida, Gerda Taro. Asimismo es una radiografía de los medios de comunicación de la época, momentos en los que nació el fotoperiodismo moderno con revistas gráficas como LifeRegardsVuBerliner, etc.”
Según Manzano, gracias a varias investigaciones a las que tuvo acceso, ha podido incluir en su novela “una gran cantidad de detalles históricos e imaginar una gran multitud de situaciones y sucesos de la vida de muchos de los personajes que aparecen en la novela, la gran mayoría, tanto nacionales como internacionales, reales”.
La novela tiene 550 páginas y se abre con una tristemente vigente frase de Capa: “La guerra es una actriz que envejece: cada vez más peligrosa, cada vez más fotogénica”. En los primeros párrafos, casi como un presagio, se cuenta un imaginario (¿o real?) diálogo entre él y un joven recluta, llamado Jerry Thomas, de Arkansas, que se pone a rezar minutos antes de que ambos desembarcaran en las playas de Normandía, en junio de 1944. Uno con una metralleta apretada bajo el brazo y el otro con su cámara en alto, evitando el agua congelada.
- Nunca se sabe demasiado en esto, chico – le dice Capa al tiempo que frunce su ceño. – Tienes que ser, sobre todo, muy prudente. ¡Un simple parpadeo te puede costar la vida!
Cruel ironía del destino: diez años después, Capa murió al pisar, en un parpadeo, una mina en Vietnam. Un minuto antes había fotografiado, con sus cámaras Contax y Nikon, el mismo terreno en el que encontraría la muerte
El relato fluye, abundan los detalles y las reconstrucciones de época, y se mete tan de cerca en la cobertura bélica, que por momentos uno tiene la sensación de estar oyendo el zumbido de las balas. Si ustedes se descubren entrecerrando los ojos y esquivándolas es porque, efectivamente, dejaron que ésta buena novela los llevase de la mano a aquellos momentos tensos y únicos, donde el amor y la muerte eran – casi como hoy – las dos caras de una misma moneda.
La novela ha alcanzado la segunda edición, lo que demuestra que Capa, su entorno y su obra, a 60 años de su muerte, sigue generado interés y hay un gran número de seguidores – entre los que me cuento – que mantienen vivo su recuerdo. Como no podía ser menos, la tapa de la novela muestra el preciso instante en el que el miliciano Federico Borrell es abatido en Cerro Murriano, cerca de Córdoba, el 5 de setiembre de 1936, durante una fallida incursión republicana. Y que Capa inmortalizara con su lente mágico.
http://www.kebooks.org/libros-recomendados/la-guerra-civil-que-vivio-robert-capa/

lunes, 18 de noviembre de 2013

Centenario Robert Capa / La Entrevista

CAPA AT 100


Con motivo del centenario del nacimiento de Robert Capa el ICP (International Center of Photography) institución que gestiona el legado del fotógrafo, ha dado a conocer la única entrevista en la radio que se conoce hasta la fecha. Dicha entrevista que se puede escuchar en el enlace, tiene una gran importancia en la cuestión de la autenticidad de la fotografía del miliciano abatido ya que el mismo Capa habla de la misma y corrobora que mientras los milicianos posaban para el fotógrafo realizando simulacros uno de ellos fue abatido. Precisamente el miliciano que capturó en su popular fotografía the Falling Soldier o el Miliciano Abatido.



In celebration of the 100th anniversary of the birth of Robert Capa on October 22, 1913 in Budapest, ICP is excited to share a recent discovery of a long lost recording of a his only known radio interview. "Bob Capa Tells of Photographic Experiences Abroad" was broadcast on October 20, 1947 on the 8:30 am morning radio show "Hi! Jinx." The interview was part of the press relations surrounding the publication of Slightly Out of Focus, his autobiographical novel chronicling his adventures during World War II published by Henry Holt and Company that year.
This radio interview is the only recording that we have of his voice.
http://www.icp.org/robert-capa-100

"Hi! Jinx" was a national program on NBC radio that was created in 1946 by Jinx Falkenburg and Tex McCrary. The husband and wife team were pioneers of what became to be called the talk show format. They eventually had two radio programs, a five-day-a week television program and a syndicated column in the New York Herald Tribune. Falkenburg was a model and had been photographed by Capa in December 1940 following one of her performances in Al Jolson’s musical Hold On to Your Hat. McCrary was a journalist and as an Army Air Corps colonel had led the first journalists into the ruins of Hiroshima.
Previous attempts to locate this in national radio archives were unsuccessful. None had recordings of this specific show. The recording showed up recently on eBay from a seller in Western Massachusetts, who had discovered the recording and others several years ago in the area from an estate sale. The record is a 33 1/3 rpm microgroove recording made by Associated Recording Services, an archival recording service.
This recording is the only known recording of Robert Capa. While he gave other public talks, this was the only radio interview and he was never interviewed on television. Only scant newsreel films show him in action, and none with his voice. He appeared in a few Hollywood productions but was cast as a mute Arab.
His first language was Hungarian, but he learned, in order, German, French, Spanish, and English. English became his dominant written and spoken language by 1941. His speech was dubbed "Capanese" by friends and was considered incomprehensible, but the interview shows Capa not only clear but highly articulate. His easy style underscores his innate proclivity for self-deprecation, humor, and storytelling.
The interview starts with stories from his recent trip to the USSR with John Steinbeck and then turns to other subjects: poker, the invention of his name, his so-called last image of the war taken of an American soldier killed in Leipzig in April 1945. But it is Capa who brings up his famous "Falling Soldier" image and describes how it was made. He says, "The prize picture is born in the imagination of the editors and the public who sees them." It is the only public comment we have directly from him about this famous image.

martes, 22 de octubre de 2013

Cien años del nacimiento de Robert Capa

El gran reportero de guerra del SXX, Robert Capa, cumpliría hoy 100 años


Tal día como hoy de hace cien años nacía el reportero de guerra Robert Capa: sus fotos han  ilustrado gran parte de la historia del siglo XX.  Testigo de las grandes guerras modernas, sus imágenes y él mismo, se convirtieron en todo un icono. Un mito no exento de polémica: todavía hoy hay quien dice que alguna de sus imágenes más emblemáticas son un montaje.



Gabriel Relaño  |  Madrid  | Actualizado el 22/10/2013 a las 21:45 horas 
Estuvo en la Guerra Civil española; disparó las primeras fotos del desembarco de Normandía en la II Guerra Mundial; fundador de Magnum, la primera agencia de fotógrafos: Robert Capa encarna el mito del reportero de guerra.
La historiadora Susana Fortes escribió un libro sobre su vida: "Sin sus imágenes no podríamos entender el siglo XX. Puede haber alguien que no conozca el nombre de Robert Capa; pero es imposible que no haya visto alguna de sus fotos".
Nació hace ahora cien años en Hungría. Pero podría haberlo hecho en cualquier otro lugar: "Formó parte de una generación de periodistas nómadas, apátridas: se fue de casa cuando era un crío de 17 años. Y desde ese momento no vuelve a tener domicilio fijo: vive de país en país, de guerra en guerra, de hotel en hotel".
Siempre repetía: "Si la foto no es buena es porque no estás cerca"
Comienza a hacer fotos que malvende a las agencias. Hasta que junto a su compañera, la también fotógrafa Gerda Taro, se inventan un personaje y nombre ficticio: Robert Capa. "Él en realidad se llamaba Endré  Friedmann. Pero había que llegar a fin de mes y se inventaron un supuesto fotógrafo americano fantástico, audaz, valiente. Entonces empezaron a cobrar las fotografías al triple de la tarifa vigente".
En septiembre de 1936, cubriendo la Guerra Civil española, dispara su foto más difundida: "La foto del miliciano es la que le dio la fama. Todas las revistas de la época la publicaron. Hoy estamos acostumbrados a ver fotos mucho más duras, pero entonces no y era la primera foto que mostraba  la muerte en directo. Se convirtió en una foto icono".
Desde su publicación muchos pensaron que era un montaje, que el modelo estaba posando. Hace más de una década los historiadores creyeron haber identificado a su protagonista: se trataba de Federico Borrell, un miliciano de Alcoy, que había muerto en el frente de Córdoba el mismo día que Capa hizo la foto. O al menos eso creía su familia. Pero otros historiadores cuestionan esta teoría, y el miliciano sigue guardando el secreto.
Realidad o ficción, el icono ya había nacido; un mito que se consagra al morir con cuarenta años pisando una mina en la Guerra de Indochina. Murió como vivió. Él siempre repetía: "Si la foto no es buena es porque no estás suficientemente cerca".
http://www.antena3.com/videos-online/especiales/noticias/sociedad/a-fondo/cien-anos-nacimiento-robert-capa_2013102200198.html

miércoles, 21 de agosto de 2013

72 Disparos en “Omaha”. El Miliciano Abatido. Diario de guerra de Robert Capa


                     


CAPÍTULO 1

¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.
Marlene Dietrich


6 de Junio de 1944, Normandía, Francia

Apenas quedaban unas horas hasta que el trascendental desembarco empezara a deslizarse por la pendiente de la historia. Mientras, un joven intrépido y zalamero aprovechaba para ojear el pequeño manual de supervivencia que habían suministrado a bordo del U. S. Samuel Chase.

El chico sonreía al leer algunos de los consejos y frases sugeridas para cuando los soldados se aproximaran, si la suerte los acompañaba y todo salía según lo planeado, a los nativos: “Bonjour monsieur, nous sommes les amis américains”. Ésta introducción era para dirigirse a los hombres y venía a decir, “¡señor, no me dispare!”. “Bonjour mademoiselle, ¿voulez—vous faire une promenade avec moi?” Ésta otra, evidentemente, iba dirigida a las chicas y pretendía una rápida integración de los soldados entre la población femenina de la región.






En el barco de vigilancia costera U. S. Samuel Chase se podían diferenciar claramente tres grupos de soldados: el primero era el de los planificadores. Los marines se encontraban en la sala del gimnasio convertida en un estancia cartográfica, repleta de planos y maquetas a escala de la costa de Normandía.

Estaban completamente concentrados ante un ocasión de tal magnitud. Aprovechaban las últimas horas antes de la hora H para repasar minuciosamente la orografía de la ribera. Estudiaban cada detalle del
litoral, cada casa, cada colina, cada árbol, cada sombra y cada grano de arena de la playa con lupa. El tramo de la costa normanda que iba a ser invadido (o liberado según el prisma con el que se mirara) por las tropas aliadas se había dividido en cinco sectores llamados en clave (de oeste a este): Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.

La playa se había bautizado como “La playa de Omaha” y estaba dividida, a su vez, en tres sectores:
Dog, Easy y Fox. Y cada sector estaba formado por dos partes: Green al oeste y Red al este.

Si quieres seguir leyendo sigue el siguiente link:

http://www.alcalagrupo.es/web/images/stories/capitulos/miliciano-abatido.pdf

lunes, 26 de octubre de 2009

New Doubts Raised Over Famous War Photo


By LARRY ROHTER
Published: August 17, 2009 The New York Times
After nearly three-quarters of a century Robert Capa’s “Falling Soldier” picture from the Spanish Civil War remains one of the most famous images of combat ever. It is also one of the most debated, with a long string of critics claiming that the photo, of a soldier seemingly at the moment of death, was faked. Now, a new book by a Spanish researcher asserts that the picture could not have been made where, when or how Capa’s admirers and heirs have claimed.

Robert Capa/Magnum Photos
Robert Capa’s "Falling Soldier," from the Spanish Civil War has drawn both acclaim and questions over its veracity.
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Robert Capa/Magnum Photos

A photo of another man from the same sequence as “The Falling Soldier.” A researcher has used the mountains to identify what he says is the picture’s correct location.
In “Shadows of Photography,” José Manuel Susperregui, a communications professor at the Universidad del País Vasco, concludes that Capa’s picture was taken not at Cerro Muriano, just north of Córdoba, but near another town, about 35 miles away. Since that location was far from the battle lines when Capa was there, Mr. Susperregui said, it means that “the ‘Falling Soldier’ photo is staged, as are all the others in the series taken on that front.”

Experts at the International Center of Photography in Manhattan, where Capa’s archive is stored, said they found some aspects of Mr. Susperregui’s investigation intriguing or even convincing. But they continue to believe that the image seen in “Falling Soldier” is genuine, and caution against jumping to conclusions. “Part of what is difficult about this is that people are saying, ‘Well if it’s not here, but there, then, good God, it’s fabricated,’ ” Willis E. Hartshorn, the center’s director, said in an interview. “That’s a leap that I think needs a lot more research and a lot more study.”

Mr. Susperregui said he began his inquiry by examining the background of other photographs from the same sequence as that of the “Falling Soldier,” pictures in which a mountain range can be seen in the distance. He then e-mailed the clearest of those images to librarians and historians in towns around Córdoba, asking if they recognized the landscape, and eventually got a positive response from a community called Espejo.
“I didn’t tell anyone that this was connected with the ‘Falling Soldier’ because that subject is just so ideologically and emotionally charged,” he explained in a telephone interview from his home east of Bilbao. “But a teacher showed his class the photo I sent, and right away one of the students knew the place.”

Picking up where Mr. Susperregui left off, the Spanish press, led by El Periódico de Catalunya, a newspaper in Barcelona, recently sent reporters to Espejo. They returned with photographs in which the current skyline seems an almost perfect match with what is seen in the background of Capa’s photographs, taken in September 1936, less than two months after the Spanish Civil War began.

Cynthia Young, curator of the Robert Capa Archive at the I.C.P., said the new evidence suggesting that “Falling Soldier” was photographed in Espejo was “compelling, even persuasive.” The confusion over the site may have arisen, she added, because Capa “captioned so few of his pictures” during the trip, his first as a war photographer, and “very possibly didn’t remember” where he took the picture, probably leaving his agents and editors back in Paris to make a guess when they developed his film. No negative of “Falling Soldier” is known to exist.
Spanish historians say that though there was intense combat in Espejo in late September, no fighting occurred there early in the month, when Capa, then 22 years old, and Gerda Taro, his colleague and companion, would have passed through. Until “the end of September, there wasn’t a single shot fired here, just some aerial bombardments,” Francisco Castro, a villager who was 9 years old at the time, told El Periódico. “The militiamen promenaded through the streets and ate the best hams in town.”

An alternative explanation of the creation of “Falling Soldier,” one which the photography center finds plausible, is that Capa’s photograph, was taken “not during the heat of battle,” as Mr. Hartshorn put it, but during maneuvers, perhaps being done for Capa’s benefit, “and that there was a moment in which the exercise became real, and this is the result of that moment.” He added: “The supposition has always been that there was a sniper” who picked off the militiaman from a distance.

Capa, Taro y la polémica sin fin


Las fotos de guerra de él y la primera retrospectiva de ella llegan al MNAC
CATALINA SERRA - Barcelona - 07/07/2009 El Pais


La "pequeña rubia" la llamaban en el frente. Mujer, judía, de izquierdas y novia del fotoperiodista más famoso de la historia. Demasiado como para que la historia le hiciera justicia por sí misma. Hasta ahora. La primera retrospectiva realizada de la escasa obra de Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle (Stuttgart, 1910) es el fruto de un trabajo de investigación complejo, y no del todo cerrado, que se concentra en un solo pero intenso año, entre agosto de 1936 y julio de 1937, cuando murió atropellada por un tanque en Brunete. Nada ha quedado de las fotos que hizo en París antes de llegar a España junto a su novio, Endre Friedman, un húngaro judío tres años más joven que ella. Juntos se habían inventado, para poder cobrar más caro, el personaje de un fotógrafo estadounidense de nombre Robert Capa del que se suponía que ella era la asistente y él su ayudante. El pastel se destapó pronto y él se quedó con el nombre y con la fama, pero, muy al principio, tanto monta, monta tanto; las fotografías que vendían bajo este seudónimo podían ser del uno o de la otra.



Un nuevo libro asegura que la foto del miliciano caído es un montaje
La retrospectiva sobre su obra recala ahora, hasta el 27 de septiembre, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y, como le ha pasado siempre, llega acompañada de la amplia sombra que despliega otra magnífica exposición dedicada a las fotografías bélicas de Robert Capa. Si la de Taro incluye todo el material, extraordinario, que se le ha logrado atribuir hasta la fecha, la de Capa es un repaso de seis de sus reportajes de guerra: tres de la Guerra Civil española, uno sobre la invasión japonesa de China en 1938, las archifamosas instantáneas del desembarco de Normandía y las escalofriantes imágenes de la muerte de un soldado americano en Leipzig a manos de un francotirador alemán en abril de 1945.


Las dos exposiciones están organizadas por el International Center of Photography (ICP) de Nueva York e incluyen sólo tres de las imágenes inéditas encontradas en la famosa "maleta mexicana" ya que éstas serán motivo de una amplia exposición en otoño del próximo año. Aun así, la visita es imprescindible. Por el placer de ver copias de época de algunas de las imágenes más famosas del siglo XX y porque el montaje es impecable en la búsqueda, siempre polémica, de "la verdad" de los hechos que reflejan.


Era de esperar, de todas maneras, que esta "verdad" fuera discutida. La exposición de Capa se abre con la secuencia reconstruida, con fotos tanto de Capa como de Taro, de la famosa y polémica imagen de la Muerte del miliciano. Es la versión del ICP, según la cual lo que comenzó siendo una relajada escenificación para los dos fotógrafos acabó con una bala perdida y la muerte real del soldado. La de José Manuel Susperregui publicada hace un mes en Sombras de la fotografía (Universidad del País Vasco) es otra. Asegura que ha identificado por una imagen de la serie que el escenario de la imagen no es Cerro Muriano sino Espejo (Córdoba). El combate llegó allí cuando la foto ya estaba publicada. Por lo tanto, afirma, es un montaje.

Robert Capa, caso abierto


5/7/2009 12:15 h NOVEDADES SOBRE UNA FOTO MÍTICACUADERNO DEL DOMINGO. El Periódico
- La imagen del miliciano abatido en Cerro Muriano todavía esconde enigmas
-Una exposición en el MNAC reabre el debate sobre la foto más simbólica del conflicto



LAS FOTOGRAFÍAS DE ROBERT CAPA Y GERDA TARO serán desde el martes la gran atracción del verano en el MNAC. La muestra incluye todas las imágenes del reportaje del que surgió el más conocido y discutido icono de la guerra civil, en un ejercicio de transparencia que ha reabierto el debate. Las últimas investigaciones cambian incluso el lugar de los hechos. La imagen de un miliciano fulminado por una bala en Córdoba es el icono con que el mundo reconoce la guerra civil española, el acta fundacional del fotoperiodismo bélico y el éxito profesional que apuntaló el mito romántico de Robert Capa. Pero desde 1972 la han rodeado la sospecha del engaño y los intentos de salvaguardar la honra de su autor. Este debate se jugó conlas cartas tapadas hasta que en septiembre del 2007 el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, que vela por el legado de Capa, presentó las exposiciones ¡Esto es la guerra!: Robert Capa en acción y Gerda Taro, que a partir del martes podrán visitarse en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).


En esta muestra, por primera vez se mostraron las 40 fotografías conservadas de ese polémico 5 de septiembre de 1936 y las revistas donde fueron publicadas. El fallecido biógrafo oficial de Capa, Richard Whelan, ofreció en el catálogo que el MNAC publica ahora por primera vez en castellano y catalán su versión definitiva. Whelan, en pocas palabras, reconocía que el fotógrafo participó en una escena ficticia hasta que un tiroteo franquista la convirtió en un drama. Héroe mujeriego Pero la transparencia informativa ha reabierto el debate y facilitado nuevos estudios,como el presentado hace unas semanas por el profesor de la Universidad del País Vasco José Manuel Susperregui, que hacen que de nuevo la muerte del miliciano sea un caso abierto, en el que está en juego el mito de Capa, el héroe mujeriego, atrevido y fanfarrón convertido en santo patrón de los corresponsales de guerra.Quienes se acerquen a Montjuïc podrán ver las imágenes épicas del miliciano caído. También las poses chuscas de los mismos voluntarios jugando a la guerra frente al objetivo del fotógrafo, los encuadres sospechosos que muestran a dos soldados diferentes cayendo en el mismo punto y la secuencia de 40 imágenes, procedentes de revistas, copias originales y un puñado de negativos con que Richard Whelan reconstruyó una secuencia plausible.El 5 de agosto de 1936 llegaron a Barcelona dos jóvenes fotógrafos. La alemana Gerda Pohorylle y el húngaro Endre Friedmann, ambos judíos y exiliados, habían creado un personaje, Robert Capa, para vender mejor las fotos, primero de Friedmann y luego de ambos. Ella (que pronto empezó a firmar como Gerda Taro) murió en Brunete al cabo de un año y él se hizo famoso gracias a una foto que siempre le incomodó y de la que dio, a regañadientes, al menos tres explicaciones. Según su amiga Hansel Mieth, Capa explicó así qué les pasó a los milicianos: “Todos hacíamos el tonto. Estábamos de buen humor (...) Bajaron corriendo la ladera y yo también eché a correr. (...) de pronto todo era real”.Pero este relato no cuadra con la versión que el propio Capa dio en un programa de radio en 1947: “No eran soldados y morían a cada momento con grandes gestos, convencidos de que era por la libertad y por una buena causa”. Y menos con otra entrevista en que llegó a explicar que sus milicianos cargaron al grito de “¡vamos!” hasta cuatro veces contra una ametralladora enemiga, mientras él sacaba la cámara desde el fondo de la trinchera sin mirar.Las primeros intentos de demostrar que no era una obra maestra del fotoperiodismo sino de la propaganda incurrieron en flagrantes contradicciones y perdieron fuerza ante la identificación del caído, por un historiador aficionado de Alcoi, como Federico Borrell, único miliciano de la columna cenetista fallecido en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936.Una identificación descartada en un documental, la Sombra del Iceberg: el miliciano que debería dejar de tener nombre es claramente más viejo de lo que era Brotons en esa fecha.En esta versión canónica, Whelan intenta compatibilizar todas las pruebas para llegar a la conclusión de que “no es ni la fotografía de un hombre fingiendo haber sido disparado, ni una imagen tomada durante lo que normalmente consideraríamos el punto álgido de la batalla”.


¿Entonces? Según Whelan, la secuencia empieza con los milicianos (entre ellos el muerto) blandiendo sus fusiles en lo alto de una colina. Después simulan situarse en posición de disparo en varias ocasiones, se apostan en una trinchera, saltan sobre ella, vuelven sobre sus pasos y,cuando uno de ellos posa ante el fotógrafo que espera tomar un contrapicado heroico, las balas desde las líneas franquistas interrumpen trágicamente la escena. Un compañero acude a retirar el cuerpo y cuando lo ha hecho, cae abatido en el mismo punto que el anterior.El biógrafo aporta también el testimonio de un CSI de Menfis que,pese a lo antinatural de la postura del miliciano muerto, argumenta que pudo recibir un tiro en el costado izquierdo mientras estaba de pie, posando. “Federico Borrell estaba posando para lo que pretendía ser un retrato heroico, pero de una manera totalmente inesperada se convirtió en la fotografía de un hombre que acababa de ser mortalmente herido”, concluyó Whelan.Pero incluso la versión posibilista se acaba de topar con una enmienda a la totalidad tras la última aportación al debate, a cargo del profesor de Fotografía José Manuel Susperregui. En su libro Sombras de la Fotografía, publicado por la Universidad del País Vasco, Susperregui aporta una localización geográfica alternativa para la escena, algo que puede modificarlo todo.La identificación del campo de cereales donde se tomaron las fotografías como Cerro Muriano se basó en pruebass circunstanciales, y el horizonte de las fotografías nunca había podido ser relacionado con el paisaje del lugar. Las imágenes de refugiados huyendo que acompañaban el reportaje cuando fue publicado en la revista Vu sí correspondían a esta loma cercana a Córdoba y un artículo en el diario madrileño La Voz certifica la presencia de “dos muchachos jóvenes, casi dos chiquillos”, Capa y Taro, en los combates de Cerro Muriano. Identificado el lugar , existía la certeza de que los fotógrafos estuvieron bajo las balas, de la presencia del batallón anarquista de Alcoi, de la muerte de Federico Borrell, el único caído ese día...Pero la publicación de todas las fotografías en el catálogo de la exposición ofreció material para que Susperregui sospechase. En dos imágenes se distingue una línea de lomas: el profesor vasco envió la fotografía a ayuntamientos cordobeses y acabó recibiendo respuesta. De las fotografías que acompañan su libro es difícil no llegar a la conclusión de que la escena se desarrolló en el Llano de Banda, cerca de la localidad cordobesa de Espejo, a más de 50 kilómetros de Cerro Muriano.


El problema es que en Espejo hubo combates semanas antes y después de que Capa pasara por allí, pero no en las mismas fechas. La hipótesis del profesor vasco es que al llegar a un frente inactivo, Capa y Taro organizaron en Espejo una serie de “simulaciones y posados”, sin que silbase una bala ni muriese nadie, antes de ir a Cerro Muriano, donde llegaron a tiempo de fotografiar a los civiles.¿Por qué no Taro?Del análisis de la fotografía, Susperregui concluye además que fue tomada con una Rolleyflex (con negativos cuadrados,que según Whelan solo utilizaba Taro) sobre trípode, combinando imágenes sucesivas en picado y contrapicado, un sello estilístico de Capa. La versión de la foto publicada por la revista Life parece indicar que, en el resto de copias, al cortar una franja del cielo se dio un formato rectangular (el de la Leica de Capa) a la imagen.Así que, aunque Susperregui insista en la autoría de Capa, asumiendo que él manejaba ambas cámaras, ¿por qué no podía Taro reproducir los tics de quien le introdujo en el oficio? ¿Por qué, pues, no podría estar equivocado hasta ahora el lugar, el protagonista y, también, el autor?Aunque no se reabra este debate, ¿cuál sería la consecuencia deque la foto no solo fuera una pose que acabó mal, sino una total y completa representación? “Que un fotógrafo de 22 años haga trampas lo entiendo, pero no lo apruebo”, protesta el profesor vasco.La conservadora del ICP Cynthia Young se muestra abierta a replantear la ubicación a “nuevas interpretaciones”, ya que “no tenemos la secuencia completa, ni negativos, y la base factual es escasa”. Pero se resiste a descartar que en Espejo, en el fluido frente de Córdoba, se hubiese podido producir un tiroteo como el que postuló Whelan.El responsable de Fotografía del MNAC, David Balsells, ha modificado su postura una vez conocido el material cuya exposición ha supervisado: “En el año 2000 estaba convencido de que la foto era verdad: ahora ya no sé que decir,casi preferiría pensar que me es igual”.


En el estado actual del debate, solo quedan dos posibilidades. O Capa escenificó una escena bélica y unos disparos inesperados acabaron con varios de sus modelos o bien los convenció para que se hiciesen el muerto a la hora de la siesta. En ambos casos estaría justificado el silencio, el remordimiento por haberse hecho un nombre a partir de un fraude mayor o menor… pero también se explicarían los años de arrojo casi suicida con los que purgó su hipotética culpa y, en cualquier caso, justificó desobras la fama que empezó a nacer en un secarral de Córdoba.Porque no hay duda de quién retrato las caras de dolor de las víctimas de la guerra, quién dejó imágenes de los combates de Teruel que anuncian Stalingrado, quién supo ver los ojos llorosos de los brigadistas obligados a despedirse de España, quién saltó una y otra vez en paracaídas sobre el campo de batalla, quién y cómo saltó a la playa en la primera oleada de la sangrienta playa de Omaha y quién, cuándo y cómo saltó por los aires en Indochina, la última guerra de Robert Capa.

Un documental desmonta el mito del miliciano de Robert Capa

'La sombra del iceberg' sostiene que el soldado muerto no es Federico Borrell
MIGUEL ÁNGEL VILLENA - Madrid - 16/12/2008 El Pais.

Es la imagen más simbólica y más difundida de la Guerra Civil española y una fotografía estremecedora de la muerte en directo. Robert Capa tomó la instantánea de un miliciano que acababa de ser abatido en el cordobés Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936. Durante casi seis décadas, el héroe republicano fue un desconocido, pero en 1995 un historiador de Alcoy creyó identificar en aquel miliciano al alcoyano Federico Borrell García, sin aportar ninguna prueba concluyente, todo basado en intuiciones, igual que las impresiones de una sobrina del soldado. Pero la mitomanía en torno a Capa alentó esta versión, más atractiva sin duda, de un héroe con nombres y apellidos. La sombra del iceberg, un documental rodado en dos años, demuestra, a través de testimonios y de documentos, que el célebre miliciano fotografiado por Capa no era Borrell y que vuelve a ser un soldado anónimo. Dirigido por Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer, el documental se estrena el viernes próximo en salas de Madrid, Barcelona, Valencia y Alicante tras haber ganado algunos premios en festivales.
Tráiler del documental 'La sombra del iceberg'


Tráiler del documental 'La sombra del iceberg'. DACSA
El misterio del miliciano de Capa - Tráiler del documental 'La sombra del iceberg'
El misterio del miliciano de Capa - ¿Un documento auténtico?

"A veces es muy difícil detener una mentira", afirman los realizadores
Una necrológica de Borrell relataba su muerte, muy distinta de la fotografía
"A veces una mentira", comentan los realizadores del documental que lleva como subtítulo Una autopsia de la mítica fotografía de Robert Capa 'El miliciano muerto', "empieza a rodar y resulta muy difícil detenerla. Creo que nuestro exhaustivo trabajo de investigación revela con declaraciones de editores gráficos, estudios de forenses y, sobre todo, con crónicas periodísticas de la época que Federico Borrell García no es el soldado de la foto. Es más, un hijo de Mario Brotons, el historiador alcoyano que reveló la identidad, ha afirmado que su padre, fallecido en 1995, se basó en intuiciones personales y nunca tuvo certeza histórica de su afirmación. Brotons aseguró en aquel año que lo había confirmado en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, un centro que nunca visitó".

Ahora bien, la prueba más aplastante se refiere a una necrológica en la revista anarquista Ruta Confederal, a finales de 1937, en la que un amigo de Borrell evocó las circunstancias de su muerte en Córdoba y escribió: "Le veo tendido detrás del árbol que le servía de parapeto (...) Aún después de muerto empuñaba su fusil". O sea, una situación radicalmente distinta del muerto de Capa, fulminado en campo abierto. Otro lugar común que han desmontado Hugo Doménech, profesor de Fotografía en la Universidad de Castellón, y Raúl M. Riebenbauer, periodista y guionista, apunta a que, según los datos historiográficos y declaraciones de personas presentes en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936, en aquella jornada murieron varios combatientes republicanos y no sólo Borrell, como han sostenido algunos. No como conclusión del documental, sino sólo como "duda razonable", sus directores plantean también que la foto pudo ser tomada por Gerda Taro, compañera de Capa.

En cualquier caso, la pregunta obligada se halla en las razones del entorno de Robert Capa -integrado por su hermano Cornell, y su biógrafo oficial, Richard Whelan, ambos fallecidos hace poco- para escudarse en esa versión del miliciano identificado y poner todo tipo de obstáculos a los realizadores de La sombra del iceberg para su investigación. "Para Cornell Capa o Whelan", manifiestan los cineastas, "era preferible, digamos más comercial o más mediático, que el miliciano tuviera una identidad concreta a que fuera un tipo desconocido. Ellos también se aprovecharon de que los periodistas, en muchas ocasiones, y hablamos de una crítica y autocrítica, no tenemos ganas o no disponemos de tiempo para ser rigurosos. Por eso hemos dedicado dos años a viajar por media España y media Europa para conocer la verdad de una foto que a los dos nos ha fascinado desde hace años".

Fervientes admiradores de Capa y de su contribución al fotoperiodismo del siglo XX, los directores de La sombra del iceberg destacan la brillante y equilibrada composición de la imagen del miliciano, así como la dramática verdad de la tragedia, de la muerte. "Además", señalan, "se trata de una foto hecha en defensa de unos ideales justos, como era la causa de la República española". El mito de Capa se ha agigantado con el tiempo, y en la actualidad una amplísima exposición, abierta hasta el 25 de enero, repasa su trabajo en el Museo Barbican de Londres. Ahora bien, tal vez habría que dejar de lado la mitomanía. ¿Qué más da que el miliciano sea un desconocido? Cuando en julio de 1937 la revista Life dedicó un reportaje a España, ilustrado con la célebre foto, tituló así: Muerte en España. La guerra civil se ha cobrado medio millón de víctimas en un año. El soldado de Cerro Muriano era uno más, una anécdota convertida en categoría, un símbolo.

El soldado, el fotógrafo y la muerte


Unos contactos disipan dudas sobre la autenticidad de la célebre imagen de Capa
ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - Madrid - 05/10/2008 . El pais



El 5 de septiembre de 1936, un mes y medio después de que comenzara la Guerra Civil, un miliciano anarquista de 25 años, algo bravucón, murió en un cerrillo cordobés de un balazo disparado por un francotirador marroquí. A muy pocos metros, metido en una trinchera, un fotógrafo húngaro de 23 años que nació con un dedo meñique de más, simpático, mujeriego y valiente, disparaba su cámara en el mismo segundo, apuntando al mismo soldado. El miliciano, Federico Borrell, murió en el aire; el fotógrafo, Robert Capa, se escondió en la trinchera sin saber que acababa de hacer la foto más famosa de la Guerra Civil y se volvió a levantar poco después para, jugándose el pellejo, retratar a otro anarquista que también moriría en el mismo sitio un minuto después.


Borrell y los suyos se despliegan por el monte y ocupan las trincheras
El miliciano murió en el aire; Capa acababa de hacer su foto más famosa
No se sabe dónde está enterrado el miliciano Federico Borrell
La fotografía de Borrell, conocida a partir de entonces como El soldado caído, estaba destinada a convertirse en un icono de la Guerra Civil y de cualquier guerra gracias a su incomparable potencia simbólica. También a arrastrar la duda de haber sido falseada, debido, entre otras cosas, a su extraña y visceral perfección, a su oportunidad inaudita al retratar el instante mismo de la muerte del soldado en un soleado páramo español.


Una exposición que será inaugurada el 17 de octubre en Londres bajo el título de Esto es la guerra, Robert Capa trabajando, aporta nuevas fotografías encaminadas a zanjar la cuestión. Una de ellas es reveladora: muestra el cadáver del segundo miliciano retratado por Capa, tendido en el cerro. El contacto fue encontrado hace un par de años por el biógrafo oficial de Robert Capa, Richard Whelan, junto con otras decenas de negativos perdidos hasta entonces pertenecientes a la desordenada herencia del fotógrafo. Gracias a estos contactos se sabe ahora mejor lo que ocurrió antes y después de la foto en aquel atardecer en Cerro Muriano.
Federico Borrell García, Taino, había nacido en Benilloba, un pueblo de la sierra alicantina. Fue el quinto de seis hermanos de una familia pobre. Su padre, Vicente Borrell, Batallón, labrador, murió cuando Federico contaba seis años. La madre, María García, La Taña, decidió emigrar a la cercana e industriosa Alcoy con toda la prole cuando consiguió un trabajo de criada. Federico aprendió a leer y a escribir y se hizo tejedor. Como otros muchos jóvenes de la zona, también era anarquista. Era presumido, echado para adelante, amigo de figurar. Tenía los pómulos muy marcados, un rasgo físico peculiar que compartía con su padre y su hermano. El concienzudo y tenaz historiador local Miguel Pascual ha reunido ésta y otras informaciones tras rastrear archivos de Alcoy y preguntar a los testigos o recordar lo que éstos dijeron en su época. "Mi abuelo le conoció", explica Pascual Mira, "y me contaba que Taino era algo alocado".
El 1 de septiembre, días después de asaltar el cuartel de Infantería de Alcoy y hacerse con armamento ligero, munición y correajes, una columna miliciana anarquista compuesta por unos 300 hombres parte hacia el frente andaluz, dispuestos a colaborar en el intento republicano de contener a las tropas del general Varela, acuartelado en Córdoba. Entre ellos figura Taino. La vida le va bien por entonces: está a punto de casarse con su novia Marina. Ha dejado guardado en Alcoy un traje recién comprado para la boda. En la columna va también su hermano Evaristo, cinco años menor, y un adolescente llamado Mario Brotons que con el tiempo jugará un importante papel en esta historia.
Taino y sus compañeros suben a Cerro Muriano, una aldea situada a pocos kilómetros de Córdoba al amanecer del día 5. Se despliegan por el terreno, ocupan las trincheras. No hay que pensar en un ejército organizado, bien armado y coordinado, sino más bien en un puñado de "civiles con escopetas", en expresión del historiador Francisco Moreno Gómez. Sus oponentes sí componen un ejército profesional con experiencia.



Ese día, el general Varela inicia una ofensiva por la sierra cordobesa. Los cañonazos que resuenan demasiado cerca aterrorizan a los habitantes de Cerro Muriano, que salen de sus casas y escapan a la carrera en busca de un lugar más seguro. A la hora de la siesta, cuando por el flanco izquierdo del frente avanza en silencio una columna nacional de marroquíes bajo el mando del coronel Sáenz de Buruaga, los milicianos de Alcoy reciben una visita inesperada. "Aquel día llegaron a Cerro Muriano al menos tres vehículos de periodistas", escribe Moreno Gómez en su libro 1936, el genocidio franquista en Córdoba (Crítica), que se publicará este mes. En uno de los coches viaja Robert Capa y su novia, la también fotógrafa de guerra Gerda Taro.
El frente está tranquilo a esa hora. Capa aprovecha para captar a un grupo de milicianos en una trinchera, con los fusiles en alto, saludando. El hombre de la camisa clara de la izquierda que sonríe mirando hacia un lado es Federico Borrell y morirá en un rato. El tercero por la izquierda, con bigote, también.
A partir de aquí las versiones no coinciden. El historiador Gómez Moreno, basándose en un detallado estudio de los movimientos de tropas, concluye que Taino y los suyos se vieron sorprendidos por el ataque de los regulares de Sáenz de Buruaga y que acudieron, corriendo ladera abajo, a taponar el flanco. "Todo un negro panorama que hace impensable que Robert Capa tuviera ni tiempo ni oportunidad para ensayar fotomontajes", afirma. En la batalla muere Borrell.


El biógrafo oficial del fotógrafo, Richard Welham, fallecido en 2007, en un artículo publicado tres años atrás en la revista Aperture, reconstruye esa tarde de una forma un poco diferente. Este estudioso coincide en situar la llegada de Capa y el resto de los corresponsales al inicio de la tarde. Como la zona estaba tranquila, Capa convence a los milicianos para que posen para él con sus armas. Éstos se prestan. Y desarrollan varias maniobras de avance en grupo, de salto de trincheras, de tiro.... Los 40 negativos expuestos ahora en la exposición de Londres así lo confirman. Cynthia Young, responsable de la exposición y que ha examinado cuidadosamente todas las fotografías añade: "Es evidente que mientras Capa y Taro hacen las fotografías no están en el corazón de ninguna batalla".


Pero estas maniobras aparentemente inofensivas atrajeron al enemigo. O, de creer al historiador Moreno Gómez, fue entonces cuando llegó la columna de Sáenz de Buruaga. El caso es que el ejercicio se volvió trágico. Welham lo ha reconstruido así: Capa se encontraba en una hondonada o una trinchera. Al pie de ella, estaba Federico Borrell. A unos metros a su derecha, el otro miliciano de bigote. Es en ese preciso momento cuando una bala impacta contra Taino. Capa se agacha en la trinchera. El miliciano de bigote, que jamás ha sido identificado, se pone de rodillas para ofrecer menos blanco, coge a Borrell por las axilas y, ayudado por sus compañeros, conduce a Federico a la trinchera. Después, cuando está recogiendo su fusil, es abatido a su vez, casi en el mismo sitio que Federico. Capa retrata también ese momento. Y asimismo, su cadáver, en una tercera foto que no se había visto hasta ahora.


Al día siguiente, el hermano pequeño, Evaristo Borrell, dejaba el frente y regresaba a Alcoy para informar a sus hermanas de que Federico había muerto. Su hija, Empar Borrell, la sobrina de Federico, recordaba el lunes pasado que su padre guardó para siempre una idea particular y penosa de ese día de guerra: "Ya no se volvió a presentar voluntario. Es más, siempre nos aconsejó que no nos presentáramos voluntarios para nada en la vida". Años después, Evaristo se casaría con el traje de boda que Federico había dejado sin estrenar. "Por entonces había muy poco dinero y no era cosa de desaprovecharlo", explica Empar con una sonrisa. El rastro de la novia de Federico se desvaneció para siempre: "De Marina no sabemos qué vida llevó o qué hizo: mi padre perdió el contacto para siempre".
También el rastro de la historia de Federico y de Evaristo y de la columna anarquista de Alcoy se fue perdiendo salvo para los familiares y los historiadores locales. Mientras tanto, la foto del miliciano se convertía en un icono planetario y se reproducía en todas las revistas y periódicos del mundo. También de Alcoy. Un día, Mario Brotons, aquel adolescente que con 14 años había luchado en Cerro Muriano, convertido ya en un hombre de 75 y tras escribir un libro en el que relataba su aventura en la columna anarquista, Retazos de una época de inquietudes, aseguraba que su paisano Taino era el miliciano derrumbado en la foto. La madre de Empar, la cuñada de Federico, que aún vivía entonces, lo confirmó. El biógrafo Welham lo dio por bueno.
Con todo, El soldado caído sigue concitando interpretaciones encontradas. Hay dos documentales que lo corroboran. Uno de ellos, Los héroes nunca mueren, estrenado en 2004 y dirigido por Jan Arnold, reconstruye los hechos acaecidos en Cerro Muriano y localiza el lugar exacto en el que Borrell caía abatido, denominado Cerro de la Coja. Arnold no cree que la foto de Capa sea un montaje: "Él estuvo en muchas guerras, muy cerca de la línea de fuego. Y jamás tuvo necesidad de falsear ninguna foto. No entiendo por qué lo tenía que hacer entonces".
El otro documental, La sombra del iceberg, dirigido por Hugo Doménech y Raúl M. Riebenbauer y premiado en 2007 en el Festival de la Ciudad de México, cuestiona tanto la veracidad de la foto como el hecho de que sea Taino el que aparece en la imagen. También el historiador Miguel Pascual, basándose en sus propias investigaciones, está convencido de que la foto es un montaje y de que Borrell murió en otro momento de la batalla.


Young, la organizadora de la exposición, cree que la polémica no acabará jamás. A pesar de la aparición de los nuevos negativos que se exhibirán a partir del día 17. A pesar de la foto del cadáver. "Que haya gente que desconfíe es inevitable. No se ha encontrado la secuencia entera de los negativos. Tal vez se perdió. Tal vez no aparezca nunca. O sí. Pero lo que hay de nuevo da información relevante, que corrobora lo que sostenía el biógrafo Whelan".
No se sabe dónde ni quién enterró a Federico Borrell. No hay ninguna inscripción en ningún registro. Lo más seguro es que su cuerpo, junto con el del segundo miliciano, estén en el cementerio de Villaharta, a pocos kilómetros de Cerro Muriano, donde acabaron muchos cadáveres de la batalla. De ser así, de ser todo cierto, ahí se encontrará también la bala que atravesó su corazón en el instante mismo en que Capa apretaba el obturador de su cámara Leica.