Diariodesevilla.es 30/11/09. FRANCISCO CAMERO / SEVILLA | ACTUALIZADO 30.11.2009 - 05:00
Cynthia Young, responsable del archivo del fotoperiodista en Nueva York, catalogó los numerosísimos inéditos aparecidos en México, unos fondos de "radical importancia" para el estudio del exilio español
Febrero de 1995. Benjamin Tarver, un cineasta y profesor mexicano, le escribe a un colega americano. "Tengo algunos negativos, creo que son de Robert Capa. ¿Os interesa verlos?". El destinatario de la carta se lo comenta a Cornell Capa, hermano de Robert y fundador del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York (ICP). Doce años después, tras complicadas negociaciones, más de 4.000 imágenes y negativos se integraron gratuitamente en la colección del museo, que alberga el mayor archivo existente sobre el gran mito del fotoperiodismo del siglo XX.
Cinthya Young, la persona que conserva y cataloga todo ese material, inauguró la semana pasada en Sevilla el quinto foro de la Asociación Andaluza de Profesionales de la Información y la Documentación, que bajo el lema Las fuentes de la memoria se dedicó a los testimonios sobre la Guerra Civil. En un receso atendió a este periódico para hablar de la famosa maleta mexicana de Robert Capa. "No todas las fotografías son inéditas, muchas se publicaron en revistas de la época. Pero el hallazgo es interesante porque nos permite ver y comprender su proceso de trabajo, sus borradores, cómo probaba con los encuandres... Es como poder ver a Capa componiendo", dice.
De todos modos, la "aportación más radicalmente importante" no es ésa, sino cómo iluminan muchas de esas fotos -10 rollos, unas 300 imágenes- algunos de los aspectos más horribles del exilio español, una parte de la historia -apunta Young- que hasta la aparición de estas imágenes "no estaba bien documentada" desde el punto de vista fotográfico. "Antes teníamos 50 imágenes; ahora contamos con unas 350".
El multitudinario éxodo de Tarragona a Barcelona y después hacia los Pirineos, la construcción, la cotidianidad y los problemas higiénicos y de salud en los campos de refugiados habilitados en las localidades francesas de Argelès-sur-Mer y Barcarès, todo eso está retratado en este material, fechado entre entre mayo de 1936 y la primavera de 1939 y donse se documenta igualmente el Madrid bélico y las batallas de Teruel y del Segre.
Como exige el calado mítico del personaje, el periplo de la maleta mexicana tiene aliento novelesco e incluso encierra un misterio. "Los negativos estaban entre los efectos personales de Francisco Aguilar, un general que fue embajador de México de 1941 a 1942 en la Francia de Vichy. Aguilar le dio las cajas a la tía de Tarver, y éste las heredó cuando ella murió. Desconocemos cuándo y en qué circunstancias llegó ese material a manos de Aguilar, y si éste era consciente de lo valioso que era", explica Young.
Según la conservadora, el peso del tótem húngaro llevó a ciertos "malentendidos" cuando se supo de la aparición de tanto material inédito. La maleta contenía casi en igual medida negativos de Capa, de su pareja, Gerda Taro (fallecida en Madrid en julio 1937), y de David Seymour, alias Chim, en aquellos tiempos "mucho más famoso que Capa"; aparte de una pequeña "incorporación inesperada" de Fred Stein, del que se encontraron retratos de los dos primeros.
Taro, dice, "importantísima" para la formación y la sensibilidad estética de Capa, "murió y fue olvidada, justo cuando empezaba a ser conocida, a disfrutar de cierto reconocimiento". En cuanto a Chim, Young quedó "fascinada" con las imágenes descubiertas. "Era muy distinto a Capa. Sus fotografías no eran tan arriesgadas, él no iba al frente. Digamos que Chim es más intelectual como fotógrafo, la suya es una óptica más documental: registra edificios, carteles, oficiales, soldados... Es más parecido a un cronista de la situación política, y tendía también a tomar imágenes más costumbristas. Escenas del campo, de familias y mujeres del País Vasco, donde estuvo dos meses. Capa es más directo, más simple, más intimista: se fija siempre en la persona antes que en lo que hay alrededor de ella. Su mirada está siempre atenta a la gente, a su lucha, a sus sufrimientos, a los actos de solidaridad de las personas, generalmente en ámbitos cotidianos".
Y también está el arrojo, la épica. El reconfortante héroe romántico sólo doblegado por la muerte, el Capa para el que la foto no era lo suficientemente buena si él no estaba suficientemente cerca. Cuando se le pregunta por el intenso debate de los últimos años sobre su célebre foto del miliciano de Cerro Muriano, en el que hay voces que aseguran que la imagen fue una manipulación de la realidad, que estaba preparada, Young pone cara de bueno, por fin llegó. "Es muy, muy difícil tener una idea exacta sobre qué pasó en aquel lugar. Entre otras cosas porque todos los implicados están muertos. Tenemos negativos de fotos suyas tomadas el mismo día, pero no aclaran esta cuestión, con ellos no podemos saber con precisión qué es lo que de verdad pasó". "Me parece bien la controversia -continúa-, esa fotografía merece seguir siendo investigada, en archivos militares o en el mismo lugar de la batalla", dice la responsable del archivo de Capa en el ICP. También parece sugerir en algún momento que los símbolos son reacios a las autopsias: "Las especulaciones y la opiniones deben ser consideradas, el debate es siempre interesante. Pero la veracidad es otra cosa".
Young ha asesorado recientemente al cineasta Michael Mann, que prepara una película sobre el fotógrafo y Gerda Taro inspirada -según avanzó la editorial de la propia escritora- en la novela de Susana Fortes Esperando a Robert Capa. El director firmó en Enemigos públicos una especie de refundación del mito de John Dillinger, gangster fin de raza en su película. Ahora se ha interesado en otra vida exagerada, y habrá que ver de qué manera recrea el vértigo de la guerra española; por lo pronto, a la conservadora el proyecto le dio "muy buena impresión", y pensó que Mann era "la persona indicada" para llevarlo adelante
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miércoles, 2 de diciembre de 2009
lunes, 26 de octubre de 2009
Capa, Taro y la polémica sin fin

Las fotos de guerra de él y la primera retrospectiva de ella llegan al MNAC
CATALINA SERRA - Barcelona - 07/07/2009 El Pais
CATALINA SERRA - Barcelona - 07/07/2009 El Pais
La "pequeña rubia" la llamaban en el frente. Mujer, judía, de izquierdas y novia del fotoperiodista más famoso de la historia. Demasiado como para que la historia le hiciera justicia por sí misma. Hasta ahora. La primera retrospectiva realizada de la escasa obra de Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle (Stuttgart, 1910) es el fruto de un trabajo de investigación complejo, y no del todo cerrado, que se concentra en un solo pero intenso año, entre agosto de 1936 y julio de 1937, cuando murió atropellada por un tanque en Brunete. Nada ha quedado de las fotos que hizo en París antes de llegar a España junto a su novio, Endre Friedman, un húngaro judío tres años más joven que ella. Juntos se habían inventado, para poder cobrar más caro, el personaje de un fotógrafo estadounidense de nombre Robert Capa del que se suponía que ella era la asistente y él su ayudante. El pastel se destapó pronto y él se quedó con el nombre y con la fama, pero, muy al principio, tanto monta, monta tanto; las fotografías que vendían bajo este seudónimo podían ser del uno o de la otra.
Un nuevo libro asegura que la foto del miliciano caído es un montaje
La retrospectiva sobre su obra recala ahora, hasta el 27 de septiembre, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y, como le ha pasado siempre, llega acompañada de la amplia sombra que despliega otra magnífica exposición dedicada a las fotografías bélicas de Robert Capa. Si la de Taro incluye todo el material, extraordinario, que se le ha logrado atribuir hasta la fecha, la de Capa es un repaso de seis de sus reportajes de guerra: tres de la Guerra Civil española, uno sobre la invasión japonesa de China en 1938, las archifamosas instantáneas del desembarco de Normandía y las escalofriantes imágenes de la muerte de un soldado americano en Leipzig a manos de un francotirador alemán en abril de 1945.
Las dos exposiciones están organizadas por el International Center of Photography (ICP) de Nueva York e incluyen sólo tres de las imágenes inéditas encontradas en la famosa "maleta mexicana" ya que éstas serán motivo de una amplia exposición en otoño del próximo año. Aun así, la visita es imprescindible. Por el placer de ver copias de época de algunas de las imágenes más famosas del siglo XX y porque el montaje es impecable en la búsqueda, siempre polémica, de "la verdad" de los hechos que reflejan.
Era de esperar, de todas maneras, que esta "verdad" fuera discutida. La exposición de Capa se abre con la secuencia reconstruida, con fotos tanto de Capa como de Taro, de la famosa y polémica imagen de la Muerte del miliciano. Es la versión del ICP, según la cual lo que comenzó siendo una relajada escenificación para los dos fotógrafos acabó con una bala perdida y la muerte real del soldado. La de José Manuel Susperregui publicada hace un mes en Sombras de la fotografía (Universidad del País Vasco) es otra. Asegura que ha identificado por una imagen de la serie que el escenario de la imagen no es Cerro Muriano sino Espejo (Córdoba). El combate llegó allí cuando la foto ya estaba publicada. Por lo tanto, afirma, es un montaje.
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La "maleta mexicana" de Capa arroja luz sobre el exilio español

Los negativos inéditos del fundador de Magnum, Gerda Taro y Chim se revelan como un documento único sobre la Guerra Civil y los horrores que le siguieron
BARBARA CELIS - Nueva York - 05/05/2009 El Pais
BARBARA CELIS - Nueva York - 05/05/2009 El Pais
El tesoro fotográfico escondido en la "maleta mexicana" va más allá de la pura fascinación por las imágenes que tres de los mejores fotógrafos de la historia captaron en la Guerra Civil española. La digitalización de los 4.300 negativos que, al igual que miles de españoles, se exiliaron primero en Francia y después en México y permanecieron escondidas en una maleta (que en realidad eran tres cajas) hasta diciembre de 2007, está arrojando nueva luz no sólo respecto al trabajo realizado durante aquel conflicto por Robert Capa, Gerda Taro y Chim (David Seymour), sino también respecto a las condiciones de vida a las que estuvieron sometidos los españoles forzados al exilio.
El proyecto de recuperación del material se detallará en un documental
El pasado viernes, justo después de que el International Center of Photography (ICP) de Nueva York (fundado por Cornell Capa, hermano de Robert) anunciara que todos los negativos de la maleta recuperada (y que hoy está en sus manos) habían sido escaneados, el Centro Juan Carlos I de la New York University organizó un simposio bajo el título Documentando a los desplazados: imágenes de los refugiados de la Guerra Civil española.
Allí se mostraron, entre otras cosas, unas 40 imágenes inéditas, recién salidas de la maleta, que reflejan las condiciones de los campos de refugiados del sur de Francia y que el casi medio millón de republicanos que los sufrieron consideraban campos de concentración. "Así fue como se refirió a ellos mi padre toda su vida", aseguró una de las asistentes, Ángela Giral, nieta de José Giral, quien fue presidente de la Segunda República. Giral recuerda cómo su padre le contaba que los guardas senegaleses del campo de Argèles les pegaban culatazos con sus rifles y después les quitaban el reloj. "La Guerra Civil española es el primer conflicto en que queda visualmente documentada la violencia contra la población civil. Se han escrito muchos libros sobre las condiciones de vida de los españoles en aquellos campos, pero estas imágenes son uno de los primeros documentos visuales. De ahí la importancia, más allá de la fotografía, de estos fotógrafos pioneros" afirma Giral.
El proyecto de recuperación del material se detallará en un documental
El pasado viernes, justo después de que el International Center of Photography (ICP) de Nueva York (fundado por Cornell Capa, hermano de Robert) anunciara que todos los negativos de la maleta recuperada (y que hoy está en sus manos) habían sido escaneados, el Centro Juan Carlos I de la New York University organizó un simposio bajo el título Documentando a los desplazados: imágenes de los refugiados de la Guerra Civil española.
Allí se mostraron, entre otras cosas, unas 40 imágenes inéditas, recién salidas de la maleta, que reflejan las condiciones de los campos de refugiados del sur de Francia y que el casi medio millón de republicanos que los sufrieron consideraban campos de concentración. "Así fue como se refirió a ellos mi padre toda su vida", aseguró una de las asistentes, Ángela Giral, nieta de José Giral, quien fue presidente de la Segunda República. Giral recuerda cómo su padre le contaba que los guardas senegaleses del campo de Argèles les pegaban culatazos con sus rifles y después les quitaban el reloj. "La Guerra Civil española es el primer conflicto en que queda visualmente documentada la violencia contra la población civil. Se han escrito muchos libros sobre las condiciones de vida de los españoles en aquellos campos, pero estas imágenes son uno de los primeros documentos visuales. De ahí la importancia, más allá de la fotografía, de estos fotógrafos pioneros" afirma Giral.
El padre de Ángela pasó varios días en Argèles, un lugar que las fotos de Robert Capa muestran en toda su crudeza: de la maleta han salido 352 imágenes tomadas en marzo de 1939 allí y en los campos de Bram y Barcarès. "Se conocían unas cinco fotos de cada carrete, pero el resto del material es inédito. Esto nos permite entender también el proceso de trabajo de estos fotógrafos, que encontraron en estos campos la expresión definitiva de la pesadilla de la desolación", explicó durante la presentación Cynthia Young, comisaria del ICP. Las imágenes de los exiliados españoles del sur de Francia estremecen por su parecido con la tragedia que muestran las imágenes de refugiados de cualquier otro lugar del planeta en conflictos actuales. Hombres que yacen en el suelo cubiertos con una manta raída, gente hacinada en tiendas de campaña, filas de personas transportando sus escasas pertenencias...
Entre los muchos tesoros desvelados en el proceso de escaneado de los 136 carretes se ha encontrado el negativo perdido de la foto de Chim Land distribution meeting, tomada en Extremadura en 1936. Un tercio de las imágenes pertenecen a Chim, entre ellas fotos inéditas de La Pasionaria, Federico García Lorca y Azaña, que según Young, "revalorizarán a ese fotógrafo". Sin embargo, pese a que había esperanzas de encontrar el negativo de la imagen más famosa de Robert Capa, El miliciano, su paradero sigue siendo un misterio.
La maleta mexicana también se convertirá en documental: Trisha Ziff, responsable de que los negativos viajaran de México al ICP, comienza este mes una coproducción con la productora catalana Mallerich que transformará en película el contenido de la maleta y los relatos que preservaba "para que los jóvenes de hoy conozcan su propia historia".
Las fotos perdidas de Robert Capa pasaron 68 años ocultas en México

27/1/2008 UN TESORO DESVELADO .El Periódico. Juan Villoro
-Halladas tres cajas con más de 3.000 negativos que un diplomático recibió en Francia en 1940
- Los 127 rollos conservan imágenes de personajes y escenas de combate de la guerra civil española.
El Santo Grial de la fotografía. Así define Brian Wallis, director del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, las imágenes de la guerra civil española perdidas por Robert Capa en 1940. EL PERIÓDICO DE CATALUNYA y The New York Times publican hoy por primera vez algunas de estas instantáneas. El escritor Juan Villoro, colaborador de este diario, pudo ver este tesoro antes de que saliese de México y explica su historia.Robert Capa aceptaba perder en el juego a cambio de ganar en el amor. Vivió con la intensidad de un apostador compulsivo. En 1954, a los 40 años, tomó en Vietnam su última fotografía y fue arrastrado por la metralla. Su excepcional trato con la fortuna había terminado. En esa carrera marcada por el peligro, salvar el pellejo nunca fue tan importante como salvar los negativos. En 1940, tres cajas con 127 rollos de la guerra civil española llegaron a manos del general mexicano Francisco Javier Aguilar González, que era diplomático en Francia. No se sabe quién se las confió. México había dado asilo a los republicanos españoles y se aprestaba a recibir prófugos de la segunda guerra mundial. El general ayudaba a recuperar objetos perdidos en el naufragio de la historia. Alguien juzgó que debía hacerse cargo de los negativos tomados en España por Gerda Taro, David Seymour (Chim) y Robert Capa.Durante casi 70 años las cajas sufrieron los avatares del exilio. Los especialistas las dieron por perdidas. En el 2001 Richard Whelan publicó Robert Capa. The Definitive Collection. El archivo del fotógrafo parecía cerrado.
Whelan murió a fines del 2007. Su correo electrónico tenía un mensaje que no llegó a leer. Provenía de México y lo enviaba la curadora y cineasta Trisha Ziff. Algo insólito había ocurrido: tras 70 años, más de 3.000 negativos, muchos de ellos de Capa, volvían a la luz.EL HALLAZGOZiff dio con las cajas a través de los descendientes del general Aguilar González, hombre colorido que peleó en la Revolución bajo las órdenes de Pancho Villa y fue diplomático en el Lejano Oriente y Francia. Su familia conocía sus proezas como jinete (domó un caballo para la hija de Hirohito) pero ignoraba que había salvado un excepcional pasaje de la fotografía. Es posible que también él ignorara el alcance de esos negativos y los conservara como una muda obligación hacia el pasado.A principios de los años 90, ya muerto el general, sus familiares vendieron su casa y encontraron tres cajas a las que tardaron en dar importancia. Ahí estaban las fotografías de Capa, Chim y Taro.Las obras pertenecen a los herederos de los fotógrafos y deben ser conservadas en condiciones especiales. En consecuencia, en diciembre del 2007 fueron enviadas al Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, fundado por Cornell Capa, el hermano de Robert Capa, aún vivo. "Los negativos despedían un aroma a nitrato pero están en muy buen estado", afirma Ziff."¡Es como encontrar el Santo Grial!", comenta Brian Wallis, director del centro: "Conocíamos 500 fotos de Capa de la guerra civil y ahora tenemos unas 3.500. Tardaremos en establecer cuáles fueron tomadas por Capa, Taro o Chim, pero al fin tendremos el panorama completo de lo que hicieron en la guerra civil", añade.Los tres fotógrafos reunidos en la caja cayeron en frentes de guerra (Taro, en España; Chim, en Suez; y Capa, en Vietnam). "Si la foto no funciona, no estás suficientemente cerca", afirmaba Capa. Cada una de sus imágenes sobrevivió de milagro y padeció los descuidos con que se trata un material urgente (un precipitado laboratorista arruinó su trabajo más intrépido, nada menos que el desembarco en Normandía).
EL LEGADO FOTOGRÁFICO
Para proteger su obra, Chim y Capa fundaron la Agencia Magnum en compañía de Cartier-Bresson. Tenían una clara idea de la conservación de negativos, pero no pudieron hallar los de la guerra civil.Chim viajó a México en el Sinaya para cubrir el desembarco de los refugiados españoles y Capa estuvo en el país en 1940. No se sabe si buscaron ahí las fotos de España o si hablaron del tema con su impresor, Emerico Weisz, quien vivía en México, casado con la pintora Leonora Carrington. "Mi hipótesis es que pensaron que eso se había perdido para siempre y dejaron de buscarlo", comenta Wallis. ¿Quién podía suponer que el tesoro se había salvado gracias al mexicano que domó un caballo para la hija del emperador japonés?Vi las cajas en compañía de Ziff, poco antes de que ella las llevara a Nueva York: un rollo dedicado a la Pasionaria, la perenne juventud de García Lorca, Barcelona en el fragor republicano."Aquí se narra la historia del exilio --comenta Ziff--. Estos negativos son refugiados; aparecieron en México por una razón política, el asilo que se dio a los perseguidos; por eso es tan importante que se haga una exhibición aquí". Wallis coincide: "México jugó un papel crucial en esta historia: fue el sitio de refugio para una Europa que se desgajaba; es muy importante que las fotografías se muestren en México y en España".
André Friedmann, el inventor de sí mismo que se hizo llamar Robert Capa, llevó una legendaria vida breve: conquistó a Ingrid Bergman, saltó en paracaídas, viajó a Moscú con Steinbeck, bebió con Hemingway, amó a Gerda Taro y no se repuso de su temprana muerte.Entre los negativos hay pocas fotos íntimas. En una de ellas, Gerda duerme con el pijama de Capa. ¿En qué soñaba? La pregunta es ya incontestable. Queda el otro sueño, el de las fotos que se salvaron y hablan de la sinrazón de la guerra. Tres rebeldes murieron para transmitir ese mensaje.Sus imágenes no dejan de luchar.
El hilo de la "maleta mexicana" de Robert Capa
Kristen Lubben investiga para desentrañar los enigmas de la caja perdida del fotógrafo y de Gerda Taro . Elpais.com 06/05/2008
Acaba de llegar de Nueva York hace unas horas, pero el jet-lag no parece hacerle mella. Kristen Lubben, conservadora en el Intertional Center of Photography (ICP) de Nueva York, se apasiona cuando habla de la "maleta mexicana", la extraordinaria caja con 3.500 negativos sobre la Guerra Civil Española de Robert Capa, Gerda Taro y David Chim Seymour hallada en México y que ahora atesora el ICP. Explica que "en los círculos conocedores de la obra de Capa se sabía de esta maleta desde hace más de diez años, pero las negociaciones han sido lentas". Lubben, que hoy participa en Barcelona en unas jornadas sobre la "representación de la memoria histórica", recuerda que, pese a haberse iniciado los contactos, el material no se pudo incorporar a las exposiciones dedicadas a Capa y a Taro que organizó el pasado otoño el ICP, aunque posiblemente sí pueda hacerse en su itinerancia ya que en otoño podrán verse en el Barbican Center de Londres para viajar luego a Italia, Holanda y, seguramente, España. El ICP está en contactos con un museo de Barcelona para presentarlas.
La "maleta mexicana" estuvo perdida durante casi setenta años. Al parecer, Emérico Chiki Wisz, amigo y ayudante de Capa, la había entregado en 1940 al general mexicano Javier Aguilar González, entonces diplomático en Francia, para que la pusiera a buen recaudo. Allí estuvo, a buen recaudo en México, hasta que ya en los noventa, tras la muerte del general, sus familiares encontraron la maleta con estas tres cajas de las que dos contenían 127 rollos de películas y la otra una serie de sobres con negativos cortados, que son los primeros que se están escaneando. Los rollos están en buen estado, pero necesitan de la construcción de un aparato especial para poder escanearlos sin peligro.
Una vez esta parte del trabajo esté hecho empezarán a estudiarse las imágenes, un trabajo que Lubben asegura que enseguida se dará a conocer porque el ICP pretende abrir "un escaparate" en Internet para que se conozcan las investigaciones y las imágenes "casi al momento". Ahora, señala, hay tres personas trabajando exclusivamente en el proyecto y otras siete que colaboran en aspectos parciales. En el futuro habrá una publicación y una exposición que permitirá conocer algunas imágenes inéditas, sobre todo las de 1939 realizadas por Capa en los últimos días de la guerra, y también comprobar cómo la selección de las imágenes que se positivaron no siempre se corresponde, según Lubben, con las fotografías más interesantes.
"Lo más misterioso es que no se sabe porqué este material está junto, porqué éste y no otro. Parece como si fuera una preselección para un proyecto conjunto que al final quedó truncado", afirma Lubben, que indica que en el caso de las fotografías de Capa y Taro sólo hay negativos a partir de 1937. "No están los negativos de la famosa foto del miliciano caído, que es de septiembre de 1936", afirma. "Hemos mirado si hubiera imágenes de la serie en algún otro fragmento de película, pero no hay nada. Habrá que continuar buscando".
Lo que está claro, afirma, es que la imagen la hizo Capa y no Taro, aunque ella estaba también allí en aquel momento ya que se conservan fotografías paralelas realizadas por ella en la cámara Rolliflex de 6 x 6. "Taro no empezó a utilizar la Leica hasta 1937", recalca Lubben, que mantiene la versión oficial del gran biógrafo de Capa, Richard Whelan, fallecido a finales de 2007, sobre la "verdad" de la foto del miliciano. "Al parecer los milicianos estaban haciendo unas maniobras y ejercicios justo antes de que empezara el fuego real que mató al miliciano", explica Lubben.
Sea como sea, ésta historia seguirá siendo un misterio. La maleta, pero, permitirá ahondar más en la forma de trabajo de Capa y, sobretodo, de Gerda Taro, a cuyo estudio ha dedicado Lubben muchos de sus esfuerzos. Taro marcaba las fotografías no con el típico corte en forma de cuña en el negativo sino con un hilo de coser. "Parecía que era un gesto femenino, pero no, era algo corriente entre los cineastas para marcar un rollo largo de película". Cuando murió, atropellada por un tanque en el frente de Brunete, llevaba una cámara de 16 milímetros. Nunca se ha encontrado.
Acaba de llegar de Nueva York hace unas horas, pero el jet-lag no parece hacerle mella. Kristen Lubben, conservadora en el Intertional Center of Photography (ICP) de Nueva York, se apasiona cuando habla de la "maleta mexicana", la extraordinaria caja con 3.500 negativos sobre la Guerra Civil Española de Robert Capa, Gerda Taro y David Chim Seymour hallada en México y que ahora atesora el ICP. Explica que "en los círculos conocedores de la obra de Capa se sabía de esta maleta desde hace más de diez años, pero las negociaciones han sido lentas". Lubben, que hoy participa en Barcelona en unas jornadas sobre la "representación de la memoria histórica", recuerda que, pese a haberse iniciado los contactos, el material no se pudo incorporar a las exposiciones dedicadas a Capa y a Taro que organizó el pasado otoño el ICP, aunque posiblemente sí pueda hacerse en su itinerancia ya que en otoño podrán verse en el Barbican Center de Londres para viajar luego a Italia, Holanda y, seguramente, España. El ICP está en contactos con un museo de Barcelona para presentarlas.
La "maleta mexicana" estuvo perdida durante casi setenta años. Al parecer, Emérico Chiki Wisz, amigo y ayudante de Capa, la había entregado en 1940 al general mexicano Javier Aguilar González, entonces diplomático en Francia, para que la pusiera a buen recaudo. Allí estuvo, a buen recaudo en México, hasta que ya en los noventa, tras la muerte del general, sus familiares encontraron la maleta con estas tres cajas de las que dos contenían 127 rollos de películas y la otra una serie de sobres con negativos cortados, que son los primeros que se están escaneando. Los rollos están en buen estado, pero necesitan de la construcción de un aparato especial para poder escanearlos sin peligro.
Una vez esta parte del trabajo esté hecho empezarán a estudiarse las imágenes, un trabajo que Lubben asegura que enseguida se dará a conocer porque el ICP pretende abrir "un escaparate" en Internet para que se conozcan las investigaciones y las imágenes "casi al momento". Ahora, señala, hay tres personas trabajando exclusivamente en el proyecto y otras siete que colaboran en aspectos parciales. En el futuro habrá una publicación y una exposición que permitirá conocer algunas imágenes inéditas, sobre todo las de 1939 realizadas por Capa en los últimos días de la guerra, y también comprobar cómo la selección de las imágenes que se positivaron no siempre se corresponde, según Lubben, con las fotografías más interesantes.
"Lo más misterioso es que no se sabe porqué este material está junto, porqué éste y no otro. Parece como si fuera una preselección para un proyecto conjunto que al final quedó truncado", afirma Lubben, que indica que en el caso de las fotografías de Capa y Taro sólo hay negativos a partir de 1937. "No están los negativos de la famosa foto del miliciano caído, que es de septiembre de 1936", afirma. "Hemos mirado si hubiera imágenes de la serie en algún otro fragmento de película, pero no hay nada. Habrá que continuar buscando".
Lo que está claro, afirma, es que la imagen la hizo Capa y no Taro, aunque ella estaba también allí en aquel momento ya que se conservan fotografías paralelas realizadas por ella en la cámara Rolliflex de 6 x 6. "Taro no empezó a utilizar la Leica hasta 1937", recalca Lubben, que mantiene la versión oficial del gran biógrafo de Capa, Richard Whelan, fallecido a finales de 2007, sobre la "verdad" de la foto del miliciano. "Al parecer los milicianos estaban haciendo unas maniobras y ejercicios justo antes de que empezara el fuego real que mató al miliciano", explica Lubben.
Sea como sea, ésta historia seguirá siendo un misterio. La maleta, pero, permitirá ahondar más en la forma de trabajo de Capa y, sobretodo, de Gerda Taro, a cuyo estudio ha dedicado Lubben muchos de sus esfuerzos. Taro marcaba las fotografías no con el típico corte en forma de cuña en el negativo sino con un hilo de coser. "Parecía que era un gesto femenino, pero no, era algo corriente entre los cineastas para marcar un rollo largo de película". Cuando murió, atropellada por un tanque en el frente de Brunete, llevaba una cámara de 16 milímetros. Nunca se ha encontrado.
Recuperadas 3.000 fotos inéditas de Robert Capa

El contenido de una maleta perdida en París con fotos de la Guerra Civil española comienza a salir a la luz . EFE / ELPAÍS.com - Madrid - 28/01/2008
Más de 3.000 fotografías inéditas de la Guerra Civil española realizadas por Robert Capa, uno de los pioneros del fotoperiodismo, han sido finalmente descubiertas tras pasar 68 años ocultas en México. Se trata de 127 rollos guardados en tres cajas que en 1940 llegaron a manos del general mexicano Francisco Javier Aguilar González, entonces diplomático en Francia.
Casi 70 años después de ser enviadas a México la cineasta Trisha Ziff localizó las cajas a través de los descendientes de Aguilar González, que luchó en la revolución mexicana a las órdenes de Pancho Villa, antes de ser diplomático en el Extremo Oriente y Francia.
Capa las había dejado en París cuando huyó a EE UU, en 1939. El fotógrafo creyó que los negativos (que hoy constituyen lo que se ha venido en llamar la maleta mexicana) había sido destruidos tras la invasión nazi. Capa murió trabajando en Indochina, en 1954, creyendo todavía que esas miles de fotografías habían desaparecido para siempre.
De París, la maleta viajó a Marsella y de allí a Ciudad de México. El mes pasado llegaron finalmente al Centro Internacional de Fotografía de Midtown Manhattan, que fundó el hermano de Robert Capa, Cornell. La propiedad de los negativos ya ha vuelto a la familia Capa, tras años de negociaciones con los herederos del general Aguilar, cuenta The New York Times.
Las imágenes, algunas de ellas tomadas por Gerda Taro, compañera de Capa, así como por David Seymour, muestran combates y escenas cotidianas durante los años de la Guerra Civil en España.
'Ligeramente desenfocado'
Robert Capa, quien se inventó su nombre artístico, huyó con su familia de los nazis cuando estos dominaban media Europa. Muy joven llegó a España para fotografiar la Guerra Civil. En el Cerro Muriano (Córdoba) hizo la foto del miliciano a punto de morir, doblado por un disparo, que se convirtió en un icono de la guerra española. Aunque hay quien asegura que aquella foto estaba preparada, lo cierto es que aquel día y en aquel sitio murió el miliciano de la foto, Francisco Borrell.
Bebedor, mujeriego, siempre con un cigarrillo en la mano, Capa se encumbró como el mejor fotoperiodista del momento con sus imágenes del Día D, el desembarco de Normandía que supuso el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas fotos, ligeramente desenfocadas por un error en el revelado, le dieron un gran disgusto y, a la vez, el título de su autobiografía: Robert Capa: ligeramente desenfocado. Después de la guerra, en 1947, Capa fundó con Henri Cartier-Bresson, entre otros, la agencia Magnum, la que convirtió a los fotógrafos en dueños de su trabajo, con mayor independencia y marcándose sus objetivos.
A Capa lo mató una mina en la guerra de Indochina en 1954, cuando cubría un reportaje que no le hacía especial ilusión pero al que se vio arrastrado por la insistencia de su editor.
Casi 70 años después de ser enviadas a México la cineasta Trisha Ziff localizó las cajas a través de los descendientes de Aguilar González, que luchó en la revolución mexicana a las órdenes de Pancho Villa, antes de ser diplomático en el Extremo Oriente y Francia.
Capa las había dejado en París cuando huyó a EE UU, en 1939. El fotógrafo creyó que los negativos (que hoy constituyen lo que se ha venido en llamar la maleta mexicana) había sido destruidos tras la invasión nazi. Capa murió trabajando en Indochina, en 1954, creyendo todavía que esas miles de fotografías habían desaparecido para siempre.
De París, la maleta viajó a Marsella y de allí a Ciudad de México. El mes pasado llegaron finalmente al Centro Internacional de Fotografía de Midtown Manhattan, que fundó el hermano de Robert Capa, Cornell. La propiedad de los negativos ya ha vuelto a la familia Capa, tras años de negociaciones con los herederos del general Aguilar, cuenta The New York Times.
Las imágenes, algunas de ellas tomadas por Gerda Taro, compañera de Capa, así como por David Seymour, muestran combates y escenas cotidianas durante los años de la Guerra Civil en España.
'Ligeramente desenfocado'
Robert Capa, quien se inventó su nombre artístico, huyó con su familia de los nazis cuando estos dominaban media Europa. Muy joven llegó a España para fotografiar la Guerra Civil. En el Cerro Muriano (Córdoba) hizo la foto del miliciano a punto de morir, doblado por un disparo, que se convirtió en un icono de la guerra española. Aunque hay quien asegura que aquella foto estaba preparada, lo cierto es que aquel día y en aquel sitio murió el miliciano de la foto, Francisco Borrell.
Bebedor, mujeriego, siempre con un cigarrillo en la mano, Capa se encumbró como el mejor fotoperiodista del momento con sus imágenes del Día D, el desembarco de Normandía que supuso el principio del fin de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas fotos, ligeramente desenfocadas por un error en el revelado, le dieron un gran disgusto y, a la vez, el título de su autobiografía: Robert Capa: ligeramente desenfocado. Después de la guerra, en 1947, Capa fundó con Henri Cartier-Bresson, entre otros, la agencia Magnum, la que convirtió a los fotógrafos en dueños de su trabajo, con mayor independencia y marcándose sus objetivos.
A Capa lo mató una mina en la guerra de Indochina en 1954, cuando cubría un reportaje que no le hacía especial ilusión pero al que se vio arrastrado por la insistencia de su editor.
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