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martes, 25 de marzo de 2014

Un Centelles con Robert Capa para Colita




A raíz de la noticia que aparece hoy en la Vanguardia "El 28 d'octubre del 1938 Agustí Centelles va fotografiar Robert Capa durant el comiat de les Brigades Internacionals. Es tracta de dues imatges històriques, i desconegudes fins fa poc; en una s'hi veu el fotògraf rere el president de la República, Manuel Azaña, i el cap del govern Juan Negrín; a l'altra hi apareix -en la imatge superior- darrere d'una comitiva oficial. Ahir Octavi Centelles en va regalar una còpia a Colita" recordamos el artículo que apareció en el mismo medio hace un tiempo.

Leer más: http://registrousuarios.lavanguardia.com/premium/54404041486/index.html#ixzz2wzvq34Oh 

Barcelona. (EFE).- Un equipo de investigadores ha hallado dos fotografías inéditas de Agustí Centelles, tomadas en 1938 durante la despedida en Barcelona a las Brigadas Internacionales, en las que aparece cámara en mano Robert Capa tras el presidente de la República, Manuel Azaña, y el jefe de gobierno Juan Negrín.

El fotoeditor Joaquín D. Gasca, comisario de la exposición 'Centelles in_edit_¡oh!', ha explicado a EFE que la importancia de este hallazgo es que "documenta por primera vez un tercer encuentro entre Capa y Centelles con unas fotografías que se tomaron el 28 de octubre de 1938 en la entonces avenida 14 de Abril (actual Diagonal), en un tramo impreciso entre el Palacio Presidencial (Pedralbes) y la plaza Hermanos Badía (Francesc Macià)".







El gobierno de la República había organizado un gran desfile para despedir a los miembros de las Brigadas Internacionales, y las dos imágenes de Centelles descubren a Robert Capa al paso de los vehículos que conducían por un lado al doctor Juan Negrín acompañado por el general Rojo, y por otro al presidente Azaña.

La conservadora del International Center of Photography (ICP) de Nueva York, Cynthia Young, ha asegurado que no tenía constancia de estas fotografías en las que aparece Capa con su nueva cámara fotográfica que sustituía a la antigua Leica, una Contax II, con la que había trabajado en China en los meses anteriores, según relata el propio Gasca.

Aquel 28 de octubre de 1938, hacia las 16:30 horas, resume Gasca, "se registraron las fotografías de un fotoperiodista conocido internacionalmente como Robert Capa y que se publicaron en todo el mundo, y las fotos hasta ahora inéditas de Agustí Centelles".
El hallazgo se ha producido después de revisar en el Centro de la Memoria Histórica de Salamanca las fotografías nunca publicadas del fondo Centelles, y los primeros indicios de que aparecía Capa en dos de ellas "fueron confirmados por el ICP de Nueva York".
Aquel encuentro en un mismo momento histórico entre Capa y Centelles se volvería a repetir, aunque en circunstancias diferentes, meses después, ya en 1939, en el campo de concentración francés de Bram, donde Capa, como célebre fotógrafo internacional, y Centelles como interno, retratan el cementerio del campo.

El análisis comparativo de ambos trabajos en Bram permite deducir, en palabras de la historiadora Rocío Alcalá, que presentan dos ópticas diferentes del mismo lugar y del mismo momento: el cementerio del campo.
"El interno Centelles muestra la solidaridad de los refugiados al despedir a los compañeros fallecidos; mientras que la visión de Capa es diametralmente diferente: el gendarme le acompaña a tomar la fotografía del cementerio solitario", subraya Alcalá.
Antes del encuentro en Barcelona y en Bram, existía constancia de que las miradas de los dos fotoperiodistas se habían cruzado en otras dos ocasiones.

En agosto de 1936, Capa está en Barcelona fotografiando la salida de los voluntarios de la Unión de Hermanos Proletarios, y hay fotografías similares de Centelles en el mismo lugar y evento.
Volverán a encontrarse en el frente de Teruel, cuando Capa fotografía a un suboficial de la Guardia de Asalto, y en un extremo del negativo aparece Agustí Centelles, una instantánea que se publicó en la revista Life de enero de 1938, aunque sin la imagen de Centelles, que fue suprimida.

El trabajo de 'Centelles in_edit_¡oh!' ha permitido hasta ahora la identificación de algunos de los personajes anónimos que aparecen en las fotos más célebres de Centelles, como el brigadista internacional afroamericano Cuba Hermosa -una instantánea que luce en el despacho del presidente Obama-; el guardia de asalto Mariano Vitini o el guardia civil Juan Méndez Sancho.
Este grupo investigador está integrado por la doctoranda Rocío Alcalá, los historiadores Jesús Núñez Calvo y Daniel Cortijo, y los fotoeditores Antón y Joaquín Gasca, este último comisario de la exposición dedicada en 2011 en Nueva York a Centelles.
Las investigaciones, continúa Gasca, han permitido romper con el tópico de que Centelles fue un fotógrafo que sólo publicó en Cataluña.
"A partir del cotejo de los negativos, hemos detectado que Centelles publica sus imágenes en decenas de periódicos del grupo norteamericano Hearst, así como en más de 80 publicaciones de todo el mundo, en países como Francia, Italia, Japón, Bélgica o EEUU.

domingo, 8 de noviembre de 2009

La guerra en el paseo de Gràcia

El fotógrafo tomó en los últimos días de la guerra civil en Barcelona algunas de las imágenes más emotivas de su carrera. La derrota a veces es más épica que la victoria


ERNEST ALÓS 16/08/2009 BARCELONA, El Periódico

Escucho con mis ojos a los muertos. Paseo de Gràcia/plaza de Catalunya, en la actualidad: desde un puesto de helados puede verse la boca del metro, el chaflán de la calle de Casp, con la tienda Gonzalo Comella en los bajos, a la izquierda un banco de Gaudí semioculto entre los árboles. Pasan sin parar turistas con mochilas y barceloneses con bolsas de compras. Paseo de Gràcia/plaza de Catalunya, 16 de enero de 1939, exactamente en el mismo lugar: la familia que desfila ante la cámara del fotógrafo va cargada con hatillos de mantas y una pequeña fiambrera, lo poco que se han llevado consigo al huir de su casa.
Aquel día Barcelona estaba abarrotada de fugitivos por el avance de las tropas franquistas en Tarragona, y muchos de ellos no dejaron de andar hasta llegar a Francia.

FAMILIAS DERROTADAS

Entre el 15 y el 28 de enero de 1939, Robert Capa acompañó a miles de refugiados en su huida hacia el exilio. Familias derrotadas por la guerra, con los hombres muertos, prisioneros o en el frente, como la de la foto: un anciano con barretina, cuatro mujeres y una niña. Con una mano coge la de su madre, o su hermana mayor, con la otra aguanta su corta falda. La fría y baja luz de una mañana de invierno recorta sus siluetas sobre la calzada.

Esos días, Robert Capa, casi tan derrotado como los protagonistas de sus fotos, tomó algunas de las imágenes más emotivas de su carrera. La épica de la derrota muchas veces es más intensa que la de la victoria, y ante un éxodo bíblico no hay trucos ni engaños.

«Les acompañé y me maravillé de la orgullosa calma con que sobrellevan su destino y renuncian a casi todo lo que pertenecía a sus vidas. Centenares y centenares de miles he visto huir, en dos naciones, España y China. Y temo que cientos de miles más, que en otros países aún viven sus cómodas vidas, se vean pronto sufriendo el mismo destino», escribió, profético, para explicar las fotos a sus editores en París y Nueva York.

CENTRO DE REFUGIADOS

Tras fotografiar a los fugitivos de Tarragona el 15 de enero, recorrió las calles de Barcelona. Llegó hasta el centro de refugiados donde se agolpaban ancianos, mujeres solas, niñas, montañas de sacos, garrafas de aceite, mantas y colchones enrrollados. En una vista general se ve un rótulo: Comissariat d’Assistència als Refugiats. Refugi de Trànsit número 1. Corresponde a un lugar hoy tan prosaico como la esquina de la calle de Aribau y Travessera de Gràcia, donde las esquinas de Núñez y Navarro impiden reconstruir la escena hoy.

Allí, el reportero recoge una de sus imágenes más intensas: una niña de pelo negro y corto, recostada sobre unos sacos, agotada, sigue con su mirada al fotógrafo. «Es difícil trabajar bajo esta mirada. No es fácil estar en este lugar y no ser capaz de hacer nada más que registrar el sufrimiento que los otros deben soportar», escribe el reportero. En el año 1939, el Capa de la derrota ya no era el mismo que el de la primera aventura inconsciente de 1936.

La pamela del miliciano



ERNEST ALÓS 18/08/2009 BARCELONA, El Periódico

En la tarde-noche del pasado 14 de julio, tomando el fresco en la plaza mayor de Espejo (Córdoba), Francisco Castro, de 82 años, señalaba a este diario dónde tomó Robert Capa su fotografía del miliciano caído. En las fotos reconocía un cortijo, unos molinos, un camino... Recordaba a los milicianos de Alcoi paseando despreocupados por esa misma plaza. Pero había algo en las fotos del grupo que no le cuadraba: «Ese debe de ser de aquí porque lleva una pamela, el sombrero de paja que se ponía la gente para trabajar en el campo».

En efecto, entre los milicianos que llevan gorrillas con las siglas de la CNT bordadas (Espejo era un feudo comunista, en cambio) o cascos reglamentarios, solo uno corre arriba y abajo con su fusil y un sombrero que hoy no desentonaría ni en una playa ni en un olivar. Ha pintado en él las siglas de la CNT, el lema UHP (Unión, hermanos proletarios) y una frase guerrera: combate y asalto (grupo de combate y asalto, quizás).

Días después, Carles Querol, que había pasado más de medio día con los periodistas de este diario buscando el lugar de la fotografía y publicó su reportaje en Tres de vuit, el semanario de Vilafranca del Penedès, recibía una llamada. Las hijas de Dolores Sánchez, de 90 años, le habían leído la noticia. Ella, que apenas ve ya, les pidió que preguntaran si en las fotos se veía a un miliciano con pamela. Dice que a los 16 años le dio su sombrero a un miliciano en agosto de 1936 en su pueblo, Pedro Abad (Córdoba). «Lo miré y él me miró y hacía tanta calor que le dije: ‘Toma, para el sol’, y le di mi sombrero, que era nuevo y bonito», cuenta. Iban o venían de la estación de tren, no lo recuerda. Sí recuerda los años de cárcel de su padre, de su madre, presidenta de las Mujeres Antifascistas, de su marido, Juan Lozano, que fue guerrillero en los Pirineos, preso político...

Ese mismo 19 de julio, Miguel Pasqual, en Alcoi, explica el itinerario de la columna miliciana: llegó el 9 de agosto a Pedro Abad, y de allí una parte se encaminó a Espejo, adonde llegó el 19 de agosto (en torno al 5 de septiembre fueron fotografiados por Capa y hasta el 22 de septiembre no fueron atacados). Pero no todo fueron regalos de jovencitas: allí fusilaron a seis derechistas de la ciudad, a petición del comité local y sobre las cenizas de varios militantes de izquierdas ejecutados días antes por los franquistas. Se salvó un joven seminarista tras gritar viva la República. ¿Se le podría haber pasado algo así a Dolores? No. Lo confirma. Es más, aquel seminarista era su primo, Juan Antonio García Sánchez. Después de la guerra dejó los hábitos, fue comisario de policía en Córdoba y, casi centenario, quizá esté vivo todavía.

LOS FLECOS DE LA MEMORIA

Ahora, 73 años después, saber quién era el miliciano que según Robert Capa murió, un hombre ya en la cuarentena en 1936, parece una misión imposible. De la memoria viva solo quedan retazos y se escurren entre los dedos, y la escrita llega hasta donde ha llegado.

Queda Francisco Castro, el niño de 9 años que veía pasar a los de Alcoi en su pueblo de Espejo. Queda el recuerdo de Dolores, de 90 años, que dio su pamela a un miliciano desconocido en Pedro Abad.

También queda Miguel Bonhome Gadea, de 97 años, campeón de billar, que en su casa de Alicante explica su incorporación al batallón de Alcoi meses después de los hechos de Córdoba. Era furriel, y el recuerdo más vivo que le queda es la alegría de sus compañeros de armas en el nevado frente de Teruel cuando llegaba con los pucheros del café. Mira las fotos de Robert Capa por si reconoce entre ellas a algún alcoyano y las va descartando: «No, no, no».

Hasta 1995 quedaba Mario Brotons, que escribió sus memorias de miliciano, pero se dejó llevar al identificar erróneamente a Federico Borrell como el caído de Capa. Hasta hace un año, quedaba Vicente Picó Giner, el Matxot, que estuvo en el frente de Espejo con la milicia alcoyana. Cuando abre la puerta de su casa, en el barrio de Santa Rosa de Alcoi, su hija lamenta: «Llegan tarde». Quizá algún día se sepa quién es el miliciano caído en Espejo y qué fue de él, o no. Las fotos de Capa, en cambio, sí siguen aquí, y con ellas sus protagonistas.

El túnel de las brigadas

Negrín arengó a los extranjeros que luchaban por la República encima de la vía, en L’Argentera

ERNEST ALÓS 12/08/2009 BARCELONA, El Periódico

Recién llegado de un largo y frustrante viaje a China, en otoño de 1938 Robert Capa volvió a España para dar fe de la retirada de las Brigadas Internacionales. Si la localización y datación de sus fotos de la guerra civil son a menudo un rompecabezas, su trabajo entre el 16 y el 28 de octubre de 1938 aún lo es más.
Durante varios días, las más altas autoridades de la República (Azaña, Negrín, Companys) y de su Ejército (Rojo, Hernández Saravia, Líster, Modesto, Tagüeña) estarían concentrados en actos públicos, con los contingentes brigadistas formados o desfilando delante de ellos y miles de personas vitoreándolos en las calles. Un blanco perfecto para los bombardeos franquistas, así que los lugares exactos donde se desarrollaban los hechos se filtraron con prudencia y el gran desfile de la avenida de la Diagonal de Barcelona el 28 de octubre, con cazas republicanos sobrevolándolo continuamente, no se anunció hasta el último momento.

HIMNO DE RIEGO / Reconocer la avenida de la Diagonal no ofrece mayores problemas: no fue tan fácil saber dónde se concentraron 2.000 brigadistas el 25 de octubre. Allí Negrín les prometió la nacionalidad española y, emocionados, con el puño en la sien, escucharon el Himno de Riego y La Internacional (una imagen que conocen todos quienes han visto la portada de Soldados de Salamina, el libro de Javier Cercas). En los archivos de la agencia fotográfica Magnum constaba que era cerca de la población de Montblanc, en la Conca de Barberà: en el 2003, el fotógrafo Nil Thraby demostró que se trataba concretamente del balneario Vil.la Engràcia de L’Espluga de Francolí, hoy el albergue juvenil Jaume I de la Generalitat, junto a Poblet. En un patio porticado que aún existe.
Pero días antes, las brigadas formaron para escuchar a sus mandos, en una revista final. Formaron en una extraña explanada en medio del campo. «Siempre me había inquietado cómo podía haber una explanada a pie de carretera tan simétrica. La zona tenía que ser cerca de Marçà, donde estaban acampados desde que dejaron la batalla del Ebro. No se trataba de un campo de fútbol ni el patio de una escuela», explica el investigador y experto en Robert Capa Carles Querol.

PARADA MILITAR / No podía ser lejos de la Torre de Fontaubella: una foto mostraba también a los supervivientes de la Brigada Lincoln, con su joven y espigado comandante Milton Wolff marchando solo al frente de todos ellos, desfilando con los riscos de Colldejou al fondo en dirección a la parada militar. Junto con la historiadora Angela Jackson, autora del libro Els brigadistes entre nosaltres, halló el lugar en la carretera TV-3223, a dos kilómetros de la Torre de Fontaubella en dirección a Pradell de la Teixeta (Priorat). Allí se explicaba el porqué de la explanada: es el techo del túnel de L’Argentera, en la línea de tren que aún está en servicio entre Reus y Tarragona.
En ese túnel estaba estacionado el tren hospital de las brigadas. De día, bajo el suelo, para evitar los bombardeos. De noche, al aire libre, para que los heridos pudieran respirar aire limpio. Cada día pasan trenes por esa misma vía, sin que sus pasajeros sepan qué sucedió en ese oscuro túnel.

Robert Capa viajó el 5 de noviembre de 1938 al frente del Ebro para entrevistar a Enrique Líster

DESAYUNO EN EL FRENTE. Capa sirve champán a sus colegas. Foto: HENRY BUCKLEY

ERNEST ALÓS, 11/08/2009 BARCELONA, El Periódico

A menudo los fotógrafos se quejan de que no se reconoce su trabajo ni su categoría profesional como periodistas: en los años 30 era mucho peor. Robert Capa, al que ya habían bautizado como el mejor fotógrafo de guerra del mundo y triunfaba en las páginas de la revista Life, viajó el 5 de noviembre de 1938 hasta el frente del Ebro para entrevistar, al otro lado del río, a Enrique Líster. Iba con Ernest Hemingway, otros corresponsales séniors como Vincent Sheean, Henry Buckley y Herbert Matthews, y también el coronel de las Brigadas Internacionales Hans Kahle.
La fotografía del desayuno del grupo en una viña que tomó Buckley, inédita hasta hace dos años (y que formará parte de la exposición dedicada a este periodista inglés que se inaugurará en noviembre en Sitges) demuestra la diferencia de estatus entre el joven Capa y los mayores, a los que sirve champán.

RELACIÓN DE AMOR Y ODIO /Aún más: al repasar el Ebro, Hemingway tuvo la oportunidad de hacer una exhibición como macho dominante del grupo remando para rectificar el curso de su barca, que amenazaba con ser arrastrada por la corriente hacia unos hierros retorcidos. A pesar de la larga relación de amor y odio que mantendría con Capa, en su relato de los hechos, tanto él como los otros periodistas no citaron a los fotógrafos presentes (igual que tampoco dan los nombres de los remeros locales que alquilaron): es decir, al personal auxiliar.
La excursión al sur, con el Ejército del Ebro a punto de retirarse a la ribera norte del río y un Líster poco dispuesto a tener periodistas por en medio, aunque sí agradecido por la pluma que le regalaron, duró poco. Y apenas hubo acción fotografiable. Así que poco después Robert Capa se trasladó a Seròs (el investigador y experto en la obra del fotógrafo Carles Querol, de nuevo, ha modificado la ubicación oficial de los hechos, datados hasta ahora en Fraga, Huesca), donde la pequeña ofensiva de distracción en el Segre se convirtió en el dramático (e infinitamente más real que las fotografías que tomó en 1936 en Córdoba) reportaje This is War, una de las piezas de la exposición que puede visitarse hasta septiembre en el MNAC.

VALOR TESTIMONIAL /Aún así, las imágenes del frente del Ebro tienen su valor testimonial. En la fotografía que tomó Capa poco antes de cruzar el río, aún con las aguas calmadas, aparece el puente volado durante la batalla y las casas bombardeadas en la ribera sur del Ebro. Algunas, a los pies del castillo, se mantienen intactas 70 años después. Otra imagen captada por Capa y por Buckley, la de una casa partida por la mitad con la mesa lista para la comida a la vista desde la calle, le hizo exclamar a Hemingway una de sus fanfarronadas bélicas más repetidas: «Esto demuestra qué hay que hacer cuando hay un bombardeo: quedarse sentados en la mesa del comedor

Siguiendo a Negrín y Rojo


ERNEST ALÓS ,11/08/2009 BARCELONA, El Periódico

Una de las joyas del noticiario cinematográfico News of Spain es el reportaje completo sobre el acto de despedida de las Brigadas Internacionales en la Diagonal de Barcelona, el 28 de octubre de 1938: la Pasionaria, el presidente del Gobierno de la República, Juan Negrín, el de la Generalitat, Lluís Companys, nubes de confeti cayendo sobre los voluntarios cargados de flores, niños saltando al cuello de los americanos de la Brigada Lincoln... Al lado del coche oficial en el que llegan Negrín y el jefe del Estado Mayor del Ejército Popular, Vicente Rojo, un fotógrafo corre al trote con su Leica colgada del cuello. Es el húngaro Robert Capa.
Fragmentos del noticiario han aparecido en casi cada gran serie o reportaje sobre la guerra civil española. Pero en pocas ocasiones se ha recogido inadvertidamente esta fugaz aparición: una de ellas es el primer capítulo del documental El setè camió, producido y emitido por Televisió de Catalunya.

Esta secuencia también debía aparecer en un vídeo que debía ser uno de los componentes de la exposición frustrada sobre Robert Capa y Catalunya que estaba preparando para la Pedrera el experto Carles Querol. Pero su intención era en este caso demostrar hasta qué punto el trabajo de Capa compartía conceptos con el género cinematográfico: el planteamiento de sus fotos como secuencias continuas es evidente, pero el vídeo que preparaba Querol quería demostrar hasta qué punto los encuadres de Capa coincidían con los de los camarógrafos, insertando las imágenes que tomó Capa de ese acto en medio del documental. Mostrando las imágenes a la comisaria de la exposición Esto es la guerra. Robert Capa en acción, Cynthia Young, saltó la sorpresa. «¡Para! ¿No lo has visto?», gritó. En una rápida imagen –y la única en movimiento que existe de Capa trabajando durante la guerra de España– allí estaban, alineados, Negrín, Rojo y, como testigo, anónimo, girando alrededor de ellos, Capa. Si días antes, en L’Espluga de Francolí, el discurso para la memoria fue el de Negrín, que prometió la nacionalidad española a los bigadistas, en Barcelona pasó a la historia la Pasionaria: «Cuando pasen los años y las heridas de la guerra se hayan restañado, hablad a vuestros hijos de las Brigadas Internacionales. Decidles cómo estos hombres lo abandonaron todo y vinieron aquí (...) No os olvidaremos, y cuando el olivo de la paz eche de nuevo sus hojas, ¡volved!».

AMOR Y ODIO CON EL CINE

La relación de Robert Capa con el cine no es menor. Tomó la cámara para filmar noticiarios en España y en China. Después de la segunda guerra mundial –y en paralelo a su idilio con Ingrid Bergman– intentó convertir su vida en un guión de cine, alternó con Howard Hawks, John Huston, Humphrey Bogart y Gary Cooper, hizo un cameo como criado egipcio en Temptation y tanteó la producción de documentales para televisión junto con John Steimbeck (la factura de gastos tras rodar los desfiles de la pasarela de París lo echaron todo a rodar). «Es la mierda más grande que he pisado jamás», dijo de Hollywood. Se hartó y en lugar de trabajar para un productor prefirió fundar la agencia cooperativa de fotógrafos Magnum.

Capa volvió a España en 1944 con los maquis


ERNEST ALÓS, BARCELONA. El Periódico 10/08/2009

Las biografías del fotógrafo Robert Capa dicen que, amargado por la derrota de la República, tras una guerra en la que murieron tanto su idealismo político como su compañera Gerda Taro, vio por última vez tierra española el 28 de enero de 1939. Cruzó la frontera con la marea de refugiados en Le Perthus, regresó poco después a los campos de refugiados y no volvió la vista atrás. Solo una vez se habría acercado a Toulouse. Pues bien, como otros tantos capítulos de su vida, este también debe ser revisado. Capa regresó para poner sus pies en la frontera franco-española en noviembre de 1944.

Allí tomó sus últimas nueve fotografías de suelo español: subió hasta el Portillon, el puerto que separa Francia y el Vall d’Aran, entre Bagnères-de-Luchon y Bossòst, días después de que lo atravesaran derrotadas las columnas de guerrilleros republicanos que habían invadido la España de Franco.

La revisión de la imagen que dio fama a Capa, el miliciano caído en circunstancias inverosímiles y en una zona sin combates en Espejo (Córdoba), que no en Cerro Muriano, cuestiona el comportamiento del fotógrafo los días en que se enfrentó a su bautismo de fuego. Las nuevas noticias sobre su despedida a España, en cambio, dan aún más fuerza a la sinceridad de su compromiso con la España republicana.
Quien se dio cuenta de que las confusas versiones de la biografía de Capa ocultaban un último adiós a España del que debía quedar registro fotográfico fue el experto en la obra del fotógrafo Carles Querol. Tras años documentando las imágenes de Capa en Catalunya, su trabajo (parte del cual, así como investigaciones posteriores en colaboración con EL PERIÓDICO y el ICP de Nueva York, publicará este diario en los próximos días) debía convertirse en una exposición en la Pedrera, cancelada en vista del impacto que iba a tener la muestra que se puede visitar hasta el 27 de septiembre en el MNAC. La exposición iba a tener como título Robert Capa i Catalunya: 1936-1944). ¿Por qué?
En su autobiografía novelada para servir como guión cinematográfico, Ligeramente desenfocado (La Fábrica), Capa narra una aventura fantástica: visita a los maquis, que cantan una jota catalana y flamenco, y beben con «una especie de botellas de dos cuellos». Un grupo de 150 recibe permiso para entrar 24 horas en el Vall d’Aran y la propaganda franquista lo hace pasar por una invasión. Los maquis, al final, atraviesan las montañas nevadas, derrotados.

El biógrafo de Capa, Richard Whelan, ajustó más el tiro: tras fotografiar una asamblea de la Unión Nacional Española en Toulouse del 3 al 6 de noviembre de 1944, Capa se habría acercado hasta la frontera para fotografiar a 150 guerrilleros derrotados. A Querol le pareció una pista más que firme de que la invasión del Pirineo por 4.000 guerrilleros en 1944 para forzar una intervención aliada contra Franco (nada de una escaramuza, sino la última oportunidad de la República) había atraído por última vez a Capa.

Pero ninguna prueba demostraba que se acercara a territorio español: en los archivos de Magnum solo figuraban fotos de heridos en un hospital supuestamente de Toulouse, a 150 kilómetros, aunque en realidad se trata de la localidad de Bagnères-de-Luchon. Y Whelan también aseguró que tras 1939, Capa «no volvió a España en su vida».
Las fotos no aparecían, pero un artículo de Capa en la revista Life citado en un pie de página por el biógrafo podía aclarar algo: en cuanto la comisaria de la exposición Esto es la guerra, Cynthia Young, envió una copia, todo encajó. El relato de los hechos que envió Capa para la revista resultó ser más fidedigno que sus biografías, e incluía una pequeña imagen en la que nadie había reparado; Capa fotografió el puesto fronterizo español, con las consignas franquistas de rigor: España una grande y libre. Arriba España. Viva Franco. En franciñol, alguién había escrito: Vive une Franco Morir. Tras volver a analizar sus archivos, el ICP ha identificado por primera vez nueve negativos de la frontera española.

En su artículo, el fotoperiodista es claro: viajó hasta Bagnères-de-Luchon, a 10 kilómetros de Catalunya, donde según relata estaban los heridos que semanas antes habían entrado en el Vall d’Aran. La foto demuestra que, además, ascendió hasta el Portillon para fotografiar por última vez, con los pies sobre la línea fronteriza, el país del que había salido en 1939. Capa recuerda que durante la guerra ha visto a combatientes republicanos en Túnez, Saint Malo, París... Todos con ganas de liberar después Madrid. En Bagnères pregunta a uno de los republicanos hasta dónde querían llegar por el Vall d’Aran. Le responde: «A Madrid».