lunes, 26 de octubre de 2009

Robert Capa, caso abierto


5/7/2009 12:15 h NOVEDADES SOBRE UNA FOTO MÍTICACUADERNO DEL DOMINGO. El Periódico
- La imagen del miliciano abatido en Cerro Muriano todavía esconde enigmas
-Una exposición en el MNAC reabre el debate sobre la foto más simbólica del conflicto



LAS FOTOGRAFÍAS DE ROBERT CAPA Y GERDA TARO serán desde el martes la gran atracción del verano en el MNAC. La muestra incluye todas las imágenes del reportaje del que surgió el más conocido y discutido icono de la guerra civil, en un ejercicio de transparencia que ha reabierto el debate. Las últimas investigaciones cambian incluso el lugar de los hechos. La imagen de un miliciano fulminado por una bala en Córdoba es el icono con que el mundo reconoce la guerra civil española, el acta fundacional del fotoperiodismo bélico y el éxito profesional que apuntaló el mito romántico de Robert Capa. Pero desde 1972 la han rodeado la sospecha del engaño y los intentos de salvaguardar la honra de su autor. Este debate se jugó conlas cartas tapadas hasta que en septiembre del 2007 el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, que vela por el legado de Capa, presentó las exposiciones ¡Esto es la guerra!: Robert Capa en acción y Gerda Taro, que a partir del martes podrán visitarse en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).


En esta muestra, por primera vez se mostraron las 40 fotografías conservadas de ese polémico 5 de septiembre de 1936 y las revistas donde fueron publicadas. El fallecido biógrafo oficial de Capa, Richard Whelan, ofreció en el catálogo que el MNAC publica ahora por primera vez en castellano y catalán su versión definitiva. Whelan, en pocas palabras, reconocía que el fotógrafo participó en una escena ficticia hasta que un tiroteo franquista la convirtió en un drama. Héroe mujeriego Pero la transparencia informativa ha reabierto el debate y facilitado nuevos estudios,como el presentado hace unas semanas por el profesor de la Universidad del País Vasco José Manuel Susperregui, que hacen que de nuevo la muerte del miliciano sea un caso abierto, en el que está en juego el mito de Capa, el héroe mujeriego, atrevido y fanfarrón convertido en santo patrón de los corresponsales de guerra.Quienes se acerquen a Montjuïc podrán ver las imágenes épicas del miliciano caído. También las poses chuscas de los mismos voluntarios jugando a la guerra frente al objetivo del fotógrafo, los encuadres sospechosos que muestran a dos soldados diferentes cayendo en el mismo punto y la secuencia de 40 imágenes, procedentes de revistas, copias originales y un puñado de negativos con que Richard Whelan reconstruyó una secuencia plausible.El 5 de agosto de 1936 llegaron a Barcelona dos jóvenes fotógrafos. La alemana Gerda Pohorylle y el húngaro Endre Friedmann, ambos judíos y exiliados, habían creado un personaje, Robert Capa, para vender mejor las fotos, primero de Friedmann y luego de ambos. Ella (que pronto empezó a firmar como Gerda Taro) murió en Brunete al cabo de un año y él se hizo famoso gracias a una foto que siempre le incomodó y de la que dio, a regañadientes, al menos tres explicaciones. Según su amiga Hansel Mieth, Capa explicó así qué les pasó a los milicianos: “Todos hacíamos el tonto. Estábamos de buen humor (...) Bajaron corriendo la ladera y yo también eché a correr. (...) de pronto todo era real”.Pero este relato no cuadra con la versión que el propio Capa dio en un programa de radio en 1947: “No eran soldados y morían a cada momento con grandes gestos, convencidos de que era por la libertad y por una buena causa”. Y menos con otra entrevista en que llegó a explicar que sus milicianos cargaron al grito de “¡vamos!” hasta cuatro veces contra una ametralladora enemiga, mientras él sacaba la cámara desde el fondo de la trinchera sin mirar.Las primeros intentos de demostrar que no era una obra maestra del fotoperiodismo sino de la propaganda incurrieron en flagrantes contradicciones y perdieron fuerza ante la identificación del caído, por un historiador aficionado de Alcoi, como Federico Borrell, único miliciano de la columna cenetista fallecido en Cerro Muriano el 5 de septiembre de 1936.Una identificación descartada en un documental, la Sombra del Iceberg: el miliciano que debería dejar de tener nombre es claramente más viejo de lo que era Brotons en esa fecha.En esta versión canónica, Whelan intenta compatibilizar todas las pruebas para llegar a la conclusión de que “no es ni la fotografía de un hombre fingiendo haber sido disparado, ni una imagen tomada durante lo que normalmente consideraríamos el punto álgido de la batalla”.


¿Entonces? Según Whelan, la secuencia empieza con los milicianos (entre ellos el muerto) blandiendo sus fusiles en lo alto de una colina. Después simulan situarse en posición de disparo en varias ocasiones, se apostan en una trinchera, saltan sobre ella, vuelven sobre sus pasos y,cuando uno de ellos posa ante el fotógrafo que espera tomar un contrapicado heroico, las balas desde las líneas franquistas interrumpen trágicamente la escena. Un compañero acude a retirar el cuerpo y cuando lo ha hecho, cae abatido en el mismo punto que el anterior.El biógrafo aporta también el testimonio de un CSI de Menfis que,pese a lo antinatural de la postura del miliciano muerto, argumenta que pudo recibir un tiro en el costado izquierdo mientras estaba de pie, posando. “Federico Borrell estaba posando para lo que pretendía ser un retrato heroico, pero de una manera totalmente inesperada se convirtió en la fotografía de un hombre que acababa de ser mortalmente herido”, concluyó Whelan.Pero incluso la versión posibilista se acaba de topar con una enmienda a la totalidad tras la última aportación al debate, a cargo del profesor de Fotografía José Manuel Susperregui. En su libro Sombras de la Fotografía, publicado por la Universidad del País Vasco, Susperregui aporta una localización geográfica alternativa para la escena, algo que puede modificarlo todo.La identificación del campo de cereales donde se tomaron las fotografías como Cerro Muriano se basó en pruebass circunstanciales, y el horizonte de las fotografías nunca había podido ser relacionado con el paisaje del lugar. Las imágenes de refugiados huyendo que acompañaban el reportaje cuando fue publicado en la revista Vu sí correspondían a esta loma cercana a Córdoba y un artículo en el diario madrileño La Voz certifica la presencia de “dos muchachos jóvenes, casi dos chiquillos”, Capa y Taro, en los combates de Cerro Muriano. Identificado el lugar , existía la certeza de que los fotógrafos estuvieron bajo las balas, de la presencia del batallón anarquista de Alcoi, de la muerte de Federico Borrell, el único caído ese día...Pero la publicación de todas las fotografías en el catálogo de la exposición ofreció material para que Susperregui sospechase. En dos imágenes se distingue una línea de lomas: el profesor vasco envió la fotografía a ayuntamientos cordobeses y acabó recibiendo respuesta. De las fotografías que acompañan su libro es difícil no llegar a la conclusión de que la escena se desarrolló en el Llano de Banda, cerca de la localidad cordobesa de Espejo, a más de 50 kilómetros de Cerro Muriano.


El problema es que en Espejo hubo combates semanas antes y después de que Capa pasara por allí, pero no en las mismas fechas. La hipótesis del profesor vasco es que al llegar a un frente inactivo, Capa y Taro organizaron en Espejo una serie de “simulaciones y posados”, sin que silbase una bala ni muriese nadie, antes de ir a Cerro Muriano, donde llegaron a tiempo de fotografiar a los civiles.¿Por qué no Taro?Del análisis de la fotografía, Susperregui concluye además que fue tomada con una Rolleyflex (con negativos cuadrados,que según Whelan solo utilizaba Taro) sobre trípode, combinando imágenes sucesivas en picado y contrapicado, un sello estilístico de Capa. La versión de la foto publicada por la revista Life parece indicar que, en el resto de copias, al cortar una franja del cielo se dio un formato rectangular (el de la Leica de Capa) a la imagen.Así que, aunque Susperregui insista en la autoría de Capa, asumiendo que él manejaba ambas cámaras, ¿por qué no podía Taro reproducir los tics de quien le introdujo en el oficio? ¿Por qué, pues, no podría estar equivocado hasta ahora el lugar, el protagonista y, también, el autor?Aunque no se reabra este debate, ¿cuál sería la consecuencia deque la foto no solo fuera una pose que acabó mal, sino una total y completa representación? “Que un fotógrafo de 22 años haga trampas lo entiendo, pero no lo apruebo”, protesta el profesor vasco.La conservadora del ICP Cynthia Young se muestra abierta a replantear la ubicación a “nuevas interpretaciones”, ya que “no tenemos la secuencia completa, ni negativos, y la base factual es escasa”. Pero se resiste a descartar que en Espejo, en el fluido frente de Córdoba, se hubiese podido producir un tiroteo como el que postuló Whelan.El responsable de Fotografía del MNAC, David Balsells, ha modificado su postura una vez conocido el material cuya exposición ha supervisado: “En el año 2000 estaba convencido de que la foto era verdad: ahora ya no sé que decir,casi preferiría pensar que me es igual”.


En el estado actual del debate, solo quedan dos posibilidades. O Capa escenificó una escena bélica y unos disparos inesperados acabaron con varios de sus modelos o bien los convenció para que se hiciesen el muerto a la hora de la siesta. En ambos casos estaría justificado el silencio, el remordimiento por haberse hecho un nombre a partir de un fraude mayor o menor… pero también se explicarían los años de arrojo casi suicida con los que purgó su hipotética culpa y, en cualquier caso, justificó desobras la fama que empezó a nacer en un secarral de Córdoba.Porque no hay duda de quién retrato las caras de dolor de las víctimas de la guerra, quién dejó imágenes de los combates de Teruel que anuncian Stalingrado, quién supo ver los ojos llorosos de los brigadistas obligados a despedirse de España, quién saltó una y otra vez en paracaídas sobre el campo de batalla, quién y cómo saltó a la playa en la primera oleada de la sangrienta playa de Omaha y quién, cuándo y cómo saltó por los aires en Indochina, la última guerra de Robert Capa.

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